domingo, 17 de junio de 2012

CIRCO: El mejor espectáculo del mundo!!!


Voy bebiendo con parsimonia un vaso de Merlot y la contemplo; me ha acompañado desde que un entrañable amigo la recogió en la calle y la llevó a mi casa… desde ese día se quedó para siempre, vestida de lentejuelas y de tigre. Se ha inmortalizado en un bello poster de circo, que conservo para sentir que aún soy capaz de asombrarme, que está abierta la ventana de los sueños y para no dejar morir lo que me queda de inocencia.

Recordé entre los días más felices de mi infancia aquellos cuando llegaban camiones y carromatos  a un inmenso potrero que quedaba en mi barrio, y una legión de operarios les sacaba de adentro un circo desarmado que ensamblaban con prisa y diligencia en menos de dos días, días en los que yo permanecía ávido de estar en la función de estreno para extasiarme en lo que imaginaba era la magia y el maravilloso mundo de ese circo. Y en  los muros de las calles se pegaban con engrudo carteles coloridos con caras de payasos, con caballos y trapecistas, y una fanfarria de pregoneros en zancos  anunciaba por las calles la magnificencia del espectáculo, iba por los vericuetos de los barrios seduciendo niños, regalando pases de cortesía, desplegando ilusionismo, encandelillando pueblo.

¿ Por qué ese irresistible atractivo que ejerce una carpa multicolor, iluminada con cientos de bombillas y de entrada decorada con vivas imágenes de risas y maromas? Creo que ante todo es un sentimiento de profunda admiración por unos artistas ambulantes y trotamundos que tienen alma de gitanos, que han convertido el planeta en su casa y que van con su mundo a cuestas. Son una gran familia que ha hecho de su vida una función de risas, aros, trapecios y puñales y está habituada a caminar en la cuerda floja.

Gracias al circo me enteré que hay mujeres realmente despampanantes –que, por fortuna,  no solamente aparecían en las revistas, en las películas o en la tele-. Verlas vestidas con bikinis de lentejuelas, o con  ceñidas trusas plateadas que mostraban esculturales vientres de cortesanas árabes,  pluscuamperfectas piernas y glúteos caídos del Olimpo ya de por sí valía la pena la entrada, era una descarga de suspiros de admiración porque además eran artistas!!!! Se jugaban la vida en el trapecio, cabalgaban de pies sobre caballos, se le metían a la jaula a los leones, se dejaban serruchar por el mago y acuchillar por un apache…. Hacían contorsiones como si fueran de plastilina, bailaban y sonreían al público con donaire, impecablemente maquilladas. Al lado de estas espectacularidades, las mujeres que había visto en calzoncitos al borde de las piscinas cuando iba de vacaciones a Girardot o Villeta me parecían insignificantes, era como comparar una estrella supernova con un bombillo esmerilado. Tal vez en un circo de otro planeta podré realizar mi fantasía con una sensual malabarista.

De no haber sido por los circos me hubiera tardado en conocer tigres, elefantes, leones, camellos, orangutanes… siempre he creído que ellos son los animales domésticos de esa familia y que sin ellos el espectáculo pierde gran parte de su encanto. El circo es una expresión milenaria, y así como los seres humanos  debemos someternos a un destino y  generalmente somos una vulgar copia de lo que quisimos ser, creo que muchos animales prefieren  estar  a salvo en la pista de un circo a estar en la mira del fusil del rey Juan Carlos de safari.

La esperada aparición de los payasos, el hombre bala, el de la bicicleta que cruza el espacio de la carpa con una bailarina encima y por una cuerda floja, el corpulento hombre traído de no sé dónde que levantaba sin esfuerzo lo que encontraba a su paso, y que también reconocí como el que hacía de taquillero y le daba de comer a los elefantes, eran destellos de júbilo que se mezclaban con palomitas de maíz, globos de colores y pequeñas fotografías de telescopio al lado del payaso.

Que no hubiera dado por aprender a tragar fuego, a domar a ciertas fieras,  a sacar conejos del cubilete… algunas noches soñaba con irme de la casa enganchado en un circo, por años pensé que eso era una utopía hasta que un conocí a Pascual, un osado aventurero que se fue trás de una bailarina de circo –sí como en las películas- y viajó de pueblo en pueblo por el sur de Colombia, Ecuador y Perú. Dice que empezó recogiendo boñiga de león y que la bailarina se olvidó de él después de una función en Túquerres cuando  su anterior esposo le hizo una cabriola de amor desde otro circo.

Esa fascinación por el espectáculo de la carpa me ha motivado a ver con nostalgia muchas películas de circo, como “los Hermanos Marx en el circo”, “Bye, Bye Brasil”, “Sombras y niebla” de Woody Allen, a hojear encantadores libros con estampas de los carteles y a asistir a las funciones de cuanto circo encuentro en el camino; no importa la categoría o estado de la carpa, este será un tributo a la emoción que me produce estar sentado en luneta, palco o “gallinero” mirando cómo se juegan la vida los trapecistas en un doble salto mortal sin red.
Si hay algo que pudo generar estados de melancolía fué la última función de un circo, el desmonte de la carpa y la partida de la caravana, a este país le hacen falta muchas más compañías circenses recorriendo pueblos y veredas, más y mejores trotamundos, más saltimbanquis y menos guerreros, tenemos tanto arlequín y saltimbanqui para  hacerlo…. si ya casi hay un circo en cada semáforo de nuestras grandes ciudades.

Pueden enviar sus comentarios a megaspar@hotmail.com

viernes, 1 de junio de 2012

CHICO & RITA una película para disfrutarla!!!!

“Cuánto tiempo disfrutamos de este amor, nuestras almas se acercaron tanto así que yo guardo tu sabor pero tú también llevas también sabor a mí”.

De nuevo la magia del cine sorprende con una exquisita película, esta vez con Chico & Rita, una película animada para grandes, dirigida por Fernando Trueba y Javier Mariscal, quienes nos deleitan con el esplendor de una cinta de dibujos animados, pero qué dibujos, qué historia, qué música.

Eso es, una historia de amor como solo se puede dar en el Caribe, el escenario es la Habana Vieja, y sus protagonistas, una sensual cantante de boleros y que envuelve su corazón en los arpegios de un pianista. Un romance tempestuoso, delicioso, que palpita sumergido en las notas del latin jazz, del guaguancó, del bolero.

Las imágenes se entrecruzan con los deleitantes sonidos de Miguelito Valdés, Chano Pozo, Dizzy Gillespie, Tito Puente, Ben Webster, Nat King Cole, Mongo Santamaría, navegan entre volutas de cigarro, noches de alucinantes copas, bares clandestinos que restallan…. La sabrosura de la cubanidad que se trasmite en los timbales, en los cobres, en los cueros, en los deliciosos labios de Rita.

Tal vez desde Lolita Plenty, la despampanante vecina de Pancho, no había visto una estampa de mujer tan dulce y de semejante sensualidad tropical; el envolvente hilo de la historia nos mantiene en suspenso, con el alma excitada, es una película para melómanos, para quienes aún mantenemos la posibilidad de la ensoñación, evoca aromas y ecos de besos que juegan con el destino, es la poética del amor que no destiñe, que se acrisola en la distancia y en el tiempo. El mar, La Habana, Las Vegas, Nueva York, telones para contar esta historia de piel morena.

Bebo Valdés a sus casi 90 años ilumina esta producción con una íntima y virtuosísima  banda sonora. Cómo dejar de verla, cómo no hacer una invitación a disfrutarla, a dejar entrar por la ventana del alma un sol enamorado, travieso y juguetón.

Y ahora “Bésame, bésame mucho, como si fuera esa noche la última vez”

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