Mostrando entradas con la etiqueta Quibdó. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Quibdó. Mostrar todas las entradas

martes, 31 de enero de 2012

VIENDO CAER LA TARDE EN UN PUERTO DE QUIBDÓ

El resplandor de un solitario lucero se reflejaba en las aguas del río Atrato e iluminaba de forma muy tenue el paso de las pangas que llegaban al puerto cargadas de plátano y piñas, aguacates y otras delicias tropicales.

En el puerto se vivía la algarabía propia de un sábado al caer la tarde. En la cantina de la esquina sonaba desplegando su máxima potencia  un “King Kong”, -que es como llaman por estos lados a unos bafles gigantescos, que tienen algo así como 20 parlantes, con Twitters, Boffers y demás accesorios concebidos para que sus notas lleguen hasta la otra orilla del caudaloso río. El “King Kong” es tan grande que la cantina no tiene ni vitrinas ni estanterías ni nada… él se erige como un rey de madera vestido con tela de alfombra gris, las cajas de cerveza y las botellas de aguardiente se despachan desde una pieza que queda en la parte trasera de la casa pintada de color azul ultramarino.
Desde la otra orilla
Sonaban vallenatos, reggetones, uno que otro tema de salsa-cama y ya…. Ahora entiendo que una de las razones de familiaridad entre los quibdoseños consiste en que estando de parranda todos escuchan la misma música; por donde uno vaya andando, ya sea por Medrano, en el centro de la ciudad o en el populoso barrio Kennedy, donde ahora yo me encontraba. Siempre esperé que de esa gran caja de resonancia salieran las notas de una guaracha, de un guaguancó, de un son cubano… no fue así. En momentos así extraño las músicas de Daniel Santos, de Beny Moré, la Sonora Ponceña o los Van Van; no sé, siempre las he asociado con los puertos, con el vaivén de sus embarcaciones, con la brisa y las morenas que pasan desplegando la exuberancia de sus atributos.

Los paisanos indígenas llegaban con sus mujeres al puerto, y con una habilidad sorprendente después de haberse puesto quién sabe cuántos galones de cerveza, montaban en las canoas y partían remando hacia sus comunidades, los vecinos del barrio se reunían en amplias mesas donde todos son bienvenidos y de forma generosa brindan atenciones a quienes llegan, pues no necesariamente tienen que haber sido invitados.

Sentado en un banco de madera, viendo saltar el agua entre los palafitos y el juego de una multitud de niños entre la orilla y una calle bordeada de casas de madera me deleitaba con un paisaje que no se puede interpretar si no se le vive de cerca. El volumen de la música es tan alto que nos habituamos a hablar a gritos, acompañándonos con gesticulaciones y con risas, de ahí la importancia de los lenguajes del cuerpo. Un moreno mayor, tan solo vestido con unas bermudas, y llevando en la pretina un enorme cuchillo desenfundado, recorría una playa atestada de basuras y de vez en cuando pedía en la cantina una cerveza que apuraba de un sorbo largo, dos muchachos recogían las pacas de pescado bocachico salado que se secaban al sol y entre todas las mujeres que desfilaban por el puerto se destacaba una hermosa morena de amplias caderas se paseaba frente a nosotros, sin siquiera percatarse de que ahí estábamos.
Bocachico extendido al sol
Pero nadie nos miraba como extraños, ni los niños, ni los perros, ni las señoras que pasaban con el pescado para la comida, simplemente si uno es amigo de alguien a quien en el barrio reconocen y estiman, tiene como el aval de permanencia. Gracias a Héctor, chocoano de adopción, moreno de sangre y de color, abogado de profesión, fue posible adentrarnos una tarde en un lugar de otra forma, difícilmente hubiéramos podido escudriñar. Desde allí, viendo llegar la noche, al calor de una copa de “Platino” estuve pensando en ti.
Sus comentarios los pueden enviar a megaspar@hotmail.com

viernes, 29 de abril de 2011

QUIBDÓ, ENTRAÑABLEMENTE MORENA

 Por estos días cumplo dos años de estar viniendo a Quibdó. Al comienzo tuve una percepción de la ciudad y sus gentes, que en altísimo porcentaje sigue siendo la misma; en muy pocas cosas tendré que retractarme o modificar mis apreciaciones. Lo que me sugería la ciudad es básicamente lo mismo visualizo ahora.


El sol de la tarde

Es apenas obvio que se presenten algunos cambios en la ciudad, las obras han avanzado, el centro presenta un aspecto menos caótico, a pesar de que el manejo de las basuras es caótico; la proliferación de las motos y el despelote del tráfico siguen ocasionando un profundo malestar. Pero ante todo se vé una ciudad que no brinda oportunidades de trabajo a sus pobladores, sigo sin entender cómo sobreviven tantas familias que no tienen trabajo estable, ni ingresos que les permitan asumir la vida de una forma mínimamente decorosa. Creo que las personas que habitan en Quibdó no cuadran dentro del esquema de funcionamiento que las administraciones han tomado como referente para “reorganizar” la ciudad; su historia, su economía, su sociedad, son distintas a las que le sirven de referencia, por eso su organización territorial, sus espacios urbanos, su vida urbana es también diferente. Si hay algo que me ha llamado la atención es que en Quibdó coexisten una formas de ordenamiento de los espacios urbanos acordes con la cultura afro, y que se están tratando de desdibujar, así como los lugares de encuentro; ese aparente desorden le marca una identidad característica y particular, ojalá que a nombre de la modernidad no se pierda el bullicio de sus gentes y su prolífica paleta de colores.


Mirando rio abajo
Conozco un poco más la ciudad, he encontrado algunas formas de ocupar el tiempo libre, como asistir a cineclubes y eventos culturales; se han abierto unos pocos espacios para comer diferente y algunos bares donde es posible saborear un coctel, sin embargo no aparece una librería, una galería de arte o un lugar donde de manera continua se acceda a programaciones culturales. Una de las formas de medir la calidad de vida de una ciudad es la oferta de posibilidades para que sus habitantes disfruten de las horas de ocio, esto no implica estar en contra de las amenas tardes de jugarretas de cartas o dominó, ni tampoco del fértil ejercicio de una siesta acompañados, o de las ardientes horas de regguetón y cercanía, ni del placer de ver correr las aguas del Atrato desde un malecón que ilumina una luna coqueta y cómplice.

Igual que antes, en los corrillos se habla de sucesos de corrupción, de detenciones, de fortunas alcanzadas gracias a la impunidad y a hábiles y oscuras maniobras; se habla de las personas que están en la cárcel, de los grandes problemas del departamento como la minería ilegal, de las presión por las tierras de las comunidades indígenas y de los consejos comunitarios, de los grandes agronegocios, de la presencia permanente de todo tipo de grupos armados y de tantos problemas que aquejan estas tierras del pacífico, de las víctimas del invierno, de los desplazamientos…. Nada de lo fundamental ni de lo traumático ha encontrado aún solución.

Desde el atrio de la catedral

Hoy puedo decir que tengo algunos pocos amigos chocoanos, -pocos pero exelentes (sic)- que han tenido la paciencia de mostrarme las bondades de estas tierra, he aprendido un poco más de su cultura y he procurado desentrañar sus sutiles encantos, su musicalidad, las agradables veladas con gentes de muchos lugares que confluímos en estas tierras.. Me he acostumbrado a andar siempre con paraguas, a vivir justo con lo que apenas necesito, y aunque extraño lo que dejo en lejanía, es una oportunidad para respetar y asimilar otras formas de coexistencia y de relacionamiento, para agradecer la hospitalidad, para arrinconar los desaires o lo que no comparto, esta es una tierra sazonada con afectos, relajada, dulce y entrañablemente morena.

Sus comentarios los pueden enviar a megaspar@hotmail.com


miércoles, 6 de mayo de 2009

Un anfibio moreno y pobre que contonea las caderas...

Bienvenidos a mi blogger, en estos tiempos de emergencia económica he venido a vivir y a trabajar en este litoral Pacifico, ahí les cuento mis primeras impresiones sobre estas tierras. Cordialmente. Mario Que es Quibdo? Un anfibio moreno y pobre que contonea las caderas y transpira donaire, sensualidad y melancolía. Vista desde el avión, es una catedral, un río y una pista de aterrizaje en medio de una inmensa yesca. Ya en el suelo es una población donde el agua somete a sus caprichos a los pobladores, agua en las nubes, agua de río, agua en sus caños, y muy poca agua de acueducto, casi nada de agua de beber…. su principal ruta de navegación es el caudaloso, imponente, rico y ahora convertido en cloaca, río Atrato. El Malecón es Terminal de transportes a donde llegan desde antes del alba campesinos, indígenas y negros en canoas trayendo miles y miles de racimos de plátano, entrabados con borojos, marañones, mangos, yucas y pescados. Es también lugar de paseo, de descanso, ocio, contemplación, sitio de reunión y alma urbana para los pobres de Quibdo. La algarabía es constante, en la plaza de mercado, en las calles, a la sombra de los edificios públicos se desparraman los vendedores y vendedoras de piñas, pescado seco, abarrotes, cachivaches, hierbas medicinales y platos de comida. La construcción mas grande es el bunker de la Fiscalia, parece que por fea no la quisieron en Ciudad Gótica y vino a parar aquí; nada tiene que ver con el entorno, no hay el menor referente a la chocoanidad, tan solo inspira el temor inquisitorial de lo “implacable que puede ser la justicia” La suciedad es parte del paisaje, las basuras conviven con la gente y los escombros de las construcciones también van a los andenes. Se ven muchas construcciones sin terminar, también hay una intensa actividad en cuanto a obras publicas, las calles están llenas de huecos, de obreros, de maquinas, y sin embargo, no se ve nada terminado. Quibdo huele a humedad, por las paredes de sus casas crece el moho, el musgo y la vegetación amenaza devorarlo todo, seguramente si los seres humanos se fueran, el poblado seria devorado muy pronto por la selva. Como llueve todos los días siquiera una vez, el barro lo unta todo; los chubascos desocupan las calles, y al momento aparece de nuevo el sol, ese calor que moja, que empapa de sudor hasta los tuétanos, que atrae mosquitos y que nos llena de picazón el cuerpo y de ronchas el espíritu. Para vivir en Quibdo se necesita ser del Pacifico, se debe ser negro[1] o indígena, los forasteros que han llegado tienen su cuerpo aquí, sus negocios aquí, pero su alma mira con nostalgia a la lejana Pereira o al remoto Medellín, a donde quisieran volver. En sus calles deambulan familias de Emberas, ellas vestidas con pintorescas telas de preciosos y rechinantes colorines, ellos con camisetas y pantalonetas deportivas. Miran hacia el interior de los almacenes, o se agrupan alrededor de las oficinas publicas, algunos venden artesanías, o frutas, no piden dinero, en los rostros de los mayores y los niños se ve la nostalgia de no poder estar en sus tierras, y en los ojos de los jóvenes las ganas de desentrañar y aventurarse en la atrayente vida urbana Creo que hay mas policías por habitante que en cualquier otra ciudad, y sin embargo, todos los días hay muertos selectivos, explosiones de petardos y atentados a la gente, en las calles transitan relucientes radiopatrullas, camionetas 4x4 blindadas, de vidrios oscuros, pertenecientes a acaudalados personajes o a influyentes políticos; casi no hay transporte publico y en cambio circulan mas de diez mil motocicletas. Nunca estuve en ciudad alguna con tanta cantidad de estos aparatos, sirven rapitaxis, como medio de transporte para incursionar en las trochas de calles que llegan a los barrios de las afueras. Una moto es uno de los bienes mas preciados de quienes habitan y trabajan o estudian en este reducto del África en Colombia. Quibdo podría estar ubicada en Ganha, en Kenia o en Costa de Marfil, da igual…. Los negros ricos llevan cadenas de oro, anillos de oro, relojes de oro, aretes de oro y son impecables en el vestir, el poder y la opulencia se les nota desde lejos, sus casas tienen columnas, balcones de media luna, mucha yeseria, mármol, puertas y ventanas de vidrios a prueba de sol, aire acondicionado y una ornamentación abigarrada; o se a que estilo de pastillaje puedan pertenecer, o cuales serán sus creadores. No hay propiamente barrios de ricos, al lado de una de estas construcciones puede coexistir una casa de madera pintada de colores con un cobertizo para que en largas jornadas los parroquianos jueguen extensas partidas de domino o baraja. Miro a la gente que transita sin ninguna prisa por las calles, las mujeres gordas, caderotas, culonas, con piernas de matar filisteos, casi todas en sandalias preferiblemente doradas o con brillantes; los hombres robustos, grandísimos, los de situación holgada - profesores, empleados públicos, comerciantes, pensionados - visten bluyines y zapatos de material, ahora casi todos andan con la cabeza rapada. En Quibdo hay demasiados profesores, licenciados y abogados: muchos colegios, muchisisimos escolares y gente joven que invade cada espacio, parque o lugar de reunión o juerga; los jóvenes y las jovencitas son elegantísimos, los unos visten de negro, con aretes, rapados o con peinados reguetoneros, las camisetas llevan letreros en ingles y están adornadas por volutas, diseños y escarchas plateadas y doradas, las zapatillas de marca son fundamentales en su indumentaria. Son morenos y morenas de una hermosura especial, de hecho hay un culto a la belleza, en cada cuadra existe por lo menos una sala de belleza, y los principales almacenes son aquellos que venden al por mayor brillantinas, esmaltes, cepillos, peines y todo tipo de cremas y ungüentos. Las mujeres lucen sus encantos desde la belleza de sus peinados hasta las uñas gordas de los dedos de sus pies, estas son miniaturas con las cuales se puede hacer perfectamente una exposición. Muy pocos se sienten orgullosos de su condición chocoana, hay algunas pequeñas fabricas de camisetas o tiendas de diseño con identidad, pero estas son principalmente para que la gente la luzca afuera del departamento. Hay pandemia de motos y de vallenatos, desde principio de Mayo Quibdo tiene un Rey chocoano de la canción inédita en el Festival vallenato, para que entiendan se llama William… En las próximas entregas les contare algo más de la geografía, el gobierno y el manejo de la política, la música, la noche, las mujeres…. las fiestas, los preparativos de San Pacho, entre otros. Los acontecimientos que me inquietan o sorprenden. Nota: el problema de las tildes es del computador y no mío. [1] Naturalmente sabemos que son afro descendientes, que son parte de nuestra diversidad étnica y cultural, con identidad propia e inmensos aportes en todos los campos del conocimiento a la construcción de país.