miércoles, 24 de junio de 2009

Yo no me como ese pescao así sea del Chocó!!!

En mis tiempos de escolar, siempre veía en los mapas de Colombia que el Chocó era una región que producía oro. Desde hace miles de años se ha asociado el oro con la opulencia; si uno tiene cadenas de oro tiene billete, si quiere demostrar solvencia muestra relojes de oro, anillos, aretes, y cosas con baños de oro. Entonces uno se pregunta: si aquí hay tanto oro, porqué la gente es tan pobre? Es que el oro de los negros no vale?, o en que se tiran la plata?

Una compraventa en Quibdó anunciaba una rifa de “castellanos”, cuando pregunté me dijeron que es una medida antigua que equivale como a cuatro y medio gramos, y que era muy utilizada cuando el oro se sacaba de los ríos por el sistema de baharequeo o mazamorreo, que es la minería prehispánica, ancestral, tradicional, donde hombres y mujeres con el agua a la rodilla, en una batea de madera van espulgando la tierra de los ríos, para buscar pepitas que brillan, y asi sacar de grano en grano hasta obtener algunos gramos que puedan vender o intercambiar.

Sí, estas tierras son auríferas, basta ver como cada vez que se abren huecos para hacer obras en las calles de Quibdó, las gentes humildes lavan el barro en busca de granitos de oro. En las calles existen compraventas del oro que traen los indígenas, los habitantes de las riberas de los ríos, los mineros de toda la vida, los que se ganan el diario baharequeando. Ese no es el problema, ellos no se enriquecen, a duras penas subsisten. Este negocio es rentable para los intermediarios, quienes compran a bajo precio, muchas veces con medidas adulteradas, establecen los quilates, depuran el mineral, y lo envían a las grandes ciudades. Ven estas naos?, no son carabelas, no son galeones, pero igual, vienen por el oro!!! De un tiempo para acá llegaron a los ríos del Chocó unas embarcaciones estrafalarias llamadas dragas, -las que vemos en las fotografías- estos aparatos chupan la tierra de los lechos de los ríos, la cuelan y la vuelven a colar y utilizan el mercurio para hacer que las pepitas de oro se junten. El sedimento lo devuelven al río alterando su cauce normal, el mercurio usado también va para el agua, el acpm y los residuos de sus combustibles, también… La contaminación provocada por estos residuos provoca cambios y deformaciones genéticas en los peces, en los animales, altera la flora y afecta la salud de los nativos, quienes utilizan el agua y sus recursos para vivir.

Según del Ministerio de Minas y Energía –que por lo general se queda corto en estas cifras- en el año 400 hectáreas de bosque son taladas para el desarrollo de esa actividad, 3.7 toneladas de mercurio son vertidos en suelos y ríos afectando la salud y el medio ambiente, 250 mil toneladas de sedimento son aportadas por efectos del proceso erosivo y 35 mil galones de aceites y de combustibles son usados por estos esperpentos.

Creo que ninguna de las dragas es de las comunidades negras, sus dueños son “paisas”, o extranjeros, hasta aventureros brasileños pululan por estos lares, algunos dicen que son negocios utilizados por los narcos para lavar dinero, otros que están amparadas por grupos armados, sostienen además que hay complicidad de algunos funcionarios para que puedan operar, pues para ellos el negocio es lucrativo ya que el oro aquí se extrae por arrobas.

El asunto es que luego de algunos meses de presión por parte de las comunidades, la Fiscalía incautó las dragas, paro su producción, se inició un proceso de extinción de dominio, y ahora con la Ley de Minas algún congresista vivo incluyó un “mico” donde -en nombre del progreso- se legaliza la actividad de las dragas. Será esto posible?, seguramente este es el caso del Chocó, pero puede pasar en otras partes donde, como en la conquista, aparezca oro y entonces se arrase con todo lo que hay alrededor, como el caso de la mina a campo abierto de Cajamarca. Debemos entender de no parar su explotacion, este oro servirá para aumentar con el saqueo las arcas de las multinacionales, que ellos no pagan impuestos a los municipios, que nadie controla su producción, y que a los habitantes de la región no les queda sino la pobreza, la deculturacion, la aniquilación de sus procesos organizativos, el éxodo, el desplazamiento y el arrasamiento de sus territorios.

Ya lo cantaron los pelaos de ChocQuibTown en “Pescao Envenenao”: “Yo no me como ese pescao así sea del Chocó / ese pescao envenenao, ese no lo como yo… denunciando la catástrofe ambiental y humana que se vive en estas tierras. Mas allá de la extracción del oro están las consecuencias nefastas de la explotación irracional del oro, pero siempre será así, recordemos que don Cristóbal Colón dijo que con oro se abren hasta las puertas del cielo!!! Así lo cuento, muchas veces no sabemos de dónde viene lo que nos cuelga del pescuezo, lo que exhibimos pa'chicaniar, pa'tirar visaje, y si lo sabemos, no nos importa. Se nos olvida la historia, somos indolentes. Ni siquiera quiero crucifijos de oro. Prefiero el color oro en los libros sobre Eldorado, en un traje de luces, en la piel dorada con los abrazos del sol, en los cabellos de las mujeres, o en las envolturas de las chocolatinas.

miércoles, 17 de junio de 2009

Gentes de río y selva llegan a Quibdó

Quienes habitamos en las grandes ciudades, lo poco que sabemos de los indígenas del Chocó, es gracias a las pocas noticias que salen en televisión, por la indígena que antes aparecía en algunos billetes, por las postales exóticas para turistas bobos donde una india tiene sus pechos al aire, por las historias esas sobre niños desnutridos y piojosos de allá de los tambos del las selvas del Pacífico. Tal vez muy pocas personas nos pueden explicar quien es un Jaibaná, o nos podrán contar la historia de la creación de Dachizeze, Genzera o Caragabi y la nación Embera. Sin embargo sabemos que diablos pasa con Ronaldo y Paris Milton, el Factor X, o el cumpleaños de Laura Acuña.

Es frecuente verlos alrededor de la plaza de mercado, en el malecón y en las calles de Quibdó. Se les reconoce por su forma de vestir, las mujeres utilizan parumas, que son unas faldas de llamativos colores, y sus collares de chaquiras, los hombres visten camisetas y pantalonetas de fútbol, algunos traen la cara y el cuerpo primorosamente pintados con jagua, y aunque la mayoría va descalza, también se ven chicos y chicas muy bien vestidos a la usanza occidental.

Muchos han llegado a quedarse aquí, traen su lengua, sus costumbres, sus creencias, sus valores y sus símbolos, e inician el camino para adaptarse a la cotidianidad de la ciudad. Naturalmente no todos han sido desplazados por la violencia, aunque si por la dificultad para tener acceso a buenas condiciones de salud, a una mejor vivienda, a servicios públicos, a la educación, pues algunos jóvenes llegan a estudiar, otros son directivos de las organizaciones indígenas del departamento y algunos –sobre todo los y las muchachas- piensan que es mejor estar en la ciudad, pues hay mejores oportunidades de recreación, de ampliar su horizonte del mundo, de progresar, de vivir.

Del medio millón de pobladores del departamento se estima que unos 40.000 son indígenas, de las étnias Embera y Wounaan, que viven a lo largo de los caños y ríos, principalmente en las partes altas de sus cauces. Viven en pequeños asentamientos dispersos y bajan a los centros poblados como Riosucio, Itsmina o Condoto a vender sus productos y artesanías -de guéguerre, sus canastos de bejuco, sus tallas en balso y cocobolo y sus collares de chaquiras-, a distraerse, a emborracharse, a hacer diligencias que tienen que ver con las administraciones de sus Cabildos y resguardos, y al mismo tiempo a denunciar los atropellos de los que son victimas, a denunciar las difíciles condiciones de salud en que viven, la ausencia de políticas del Estado para con sus mujeres, sus niños, sus mayores y sabedores.

Estas comunidades junto con los afrocolombianos han mantenido ancestralmente una buena, respetuosa y cordial relación, han compartido el territorio de una forma pacifica, ininterrumpida y transmitida de generación en generación; sin embargo también han sido amenazados y han tenido que salir de sus tierras por las múltiples amenazas que les han hecho, entre otros, los mineros que amparados en el poder de las armas de grupos así como rastrojos, los obligan a retirarse para poder explotar el oro a gran escala, por cultivadores de coca, o por terratenientes generalmente llegados de Antioquia o de Córdoba, no podemos olvidar que en esto también hay responsabilidad de las multinacionales de la minería o de las explotaciones de madera y palma africana, con complicidad de funcionarios de las corporaciones ambientales, de políticos, de la fuerza pública y del gobierno, con sus megaproyectos, canales, carreteras y represas.

Las gentes Emberas y Wounaan llegan a Quibdó, en sus lanchas por el río, caminan la ciudad, algunas veces intuyo que la disfrutan, se ven las familias enteras comprando “cacharro e blanco”, los hombres con una libreta y papeles debajo del brazo, andando de oficina en oficina, tratando muchas veces de que les entiendan su forma de hablar español, hacen sus gestiones, visitan su organizacion OREWA, y compran los insumos que llevarán en el viaje de regreso a sus comunidades: sal, cerveza, gaseosas, cigarrillos, jabón, gasolina, mercado de abarrotes, y sus mujeres e hijos marchando unos pasos atrás.

Estos guardianes de la selva y del río son también hermanos nuestros, son parte de la diferencia que nos identifica, con su forma de concebir el mundo de permanecer en él, con sus principios colectivos, tienen derecho a un mejor futuro, tienen el derecho a decidir de manera autónoma lo que quieren hacer en sus territorios y a participar en la toma de decisiones que los afecten. Seguramente el progreso tanto para ellos como para nosotros tiene elementos inmensamente atractivos y seductores, pero aún teniendo certeza del costo que tenemos que pagar por ello, sería más justo si utilizáramos el derecho a decidir y no que otros nos lo impongan por la fuerza.
Ojalá que ellos pudieran caminar por las calles de Quibdo, en son de paseo, o de sus actividades naturales, y que no los veamos deambular, desarraigados, “desombligados” desnutridos y alejados contra su voluntad de sus Wandras y Antumiás.

jueves, 11 de junio de 2009

POSTALES DE QUIBDO 2

Estas son tan solo algunas estampas que nos pueden dar una idea de como transcurre la cotidianidad en estos parajes. Paisajes de primorosa factura, sones de viento, arrullos de agua y como diria el poeta Mazo: "Te hablo de aqui, de la ciudad banada por tu espesa corriente aletargada en la quietud profunda de un remanso..." escenas de tierra caliente, de afrocolombianidad, de olvido si se quiere y de lamento.












































































































miércoles, 10 de junio de 2009

Si ves negro de lo que te salvaste por estar en Quibdo?

Uno de los méritos del Internet, el celular y la televisión es que puedes enterarte de lo que esta ocurriendo en otras partes del país y del mundo; te mantienes conectado, recibes correos, ves TV por cable y, naturalmente deseas tener el don de la ubicuidad para disfrutar de las cosas agradables que pueden estar ocurriendo en otros lugares de la geografía.

Por ejemplo, siento un poco de nostalgia de no ver al Grupo de teatro Varasanta y su obra Kilele, en Bogotá; de no poder visitar las librerías o los bares que me gustan, o de no asistir a los conciertos de la orquesta Filarmónica, de los abrazos tiernos, de ver a mis amigos, a la familia e incluso a mi añorado Gaspar, pero me considero afortunado porque me he librado de la tentación de visitar los grandes centros comerciales, que parecen todos igualitos, con los mismos almacenes de marca, con sus empleaditas que se creen dos estratos mas arriba que los compradores, con sus bancas y faroles horrorosos que imitan las antiguas alamedas, esquinas o parquecillos.

Esos centros comerciales a donde no permiten que entren perros porque se orinan en los arbolitos de plástico o de vivero, que a la larga es lo mismo, donde solo los guachimanes tienen unos mastines que huelen todo porque todo les parece sospechoso, todos esos sitios que terminan en “Plaza”, en donde no se puede levantar la voz ni admiten indigentes y mucho menos gente pobre o personas en overol y casco porque afean el lugar. Aquí en Quibdó no hay escaleras eléctricas ni colas para comprar helados, y no he visto el primer almacén con Oulet o parqueadero subterráneo. Me he librado de las requisas al entrar en los sitios, de los detectores de armas, de las zonas libres de humo. Me he librado de no poder hablar con el conductor de la buseta y de las tarjetas plastificadas y de puntos. Me he librado de los autoservicios que por ahorrar uno o dos empleados nos ponen a cargar con la bandeja todo el negocio, me he librado de comer en platos de icopor, de las cucharitas de plástico, de las porciones adicionales y de la música ambiental.

Me he librado de las grandes superficies, los grandes almacenes que le pagan el mínimo a sus trabajadores y que se ahorran los empacadores inventándoles figuras de Fundaciones y no se que más. Me he librado de las góndolas atiborradas de productos, con chicas impulsadoras de mermeladas y sopas al instante que con cara de ansiedad esperan que uno compre lo que ellas promocionan. Me he librado de entregar recibos a la salida y de que si el puto paquete suena por algún código de barras mal jalado, corra uno el riesgo de que lo empeloten y reseñen. Me he librado de las promociones, de comprar chucherias inútiles, de las ofertas de aparatos de última tecnología.

Me he librado de las obras del alcalde en Bogotá, de ver puentes en construcción, de los trancones del Trasmilenio, de la paranoia y del afán; me he librado de los combos, de los kits, de las promociones puerta a puerta y de los predicadores.

Me he librado de encontrar tanta gente que defienda a Uribe. Qué lo van a defender, o a querer que lo reelijan, unos chocoafros que no tienen carreteras, que tienen los más altos niveles de desnutrición, mortalidad infantil, líneas de pobreza, corrupción y abandono? Qué lo van a defender si aquí no opera ni su tal seguridad democrática y permanentemente se vive la angustia de los petardos, los desplazamientos y la presión sobre las tierras ejercida por los señores de la palma?

Me he librado del lenguaje gomelo, de los niños bien, que siempre están inconformes con lo que tienen y que miran de reojo a los que ellos consideran que no son “gente bonita”. Me he librado de escuchar a toda hora las malas palabras e insultos que se volvieron normales en nuestra diaria forma de hablar.

Uff!!! Y también me he librado de los semáforos, los abusos de los taxistas, las zonas T, las zonas G, del despreciable “derecho de admisión”, de los edificios inteligentes, de los brutos que los cuidan, de la ciclovía y los aeróbicos…. De que le digan a uno “tipo”, de los Juan Valdés y de los Oma, de los almuerzos con payaso, de los vecinos a quienes incomoda la música, de las maquinitas dispensadoras de comida, de ver a las mujeres usando botas puntudas y diciendo marica…. me he librado de las cobijas cuatro tigres, de las encuestas y de las recolectadas de firmas….

Aún falta librarme del vallenato y de la tal balada pop, del periódico del Polo, de los huecos en las calles. No deseo librarme de las tentaciones aunque tenga que asumir las consecuencias, y sucumbir en sus brazos, y tampoco deseo librarme del cordón que me ombliga a Bogotá, aunque disfrute la placidez de las tardes cuando miro al río Atrato.

jueves, 4 de junio de 2009

En el Chocó se habla así, se dice así:

Esta es una pequeña muestra de algunas de las expresiones que tengo “de oídas”, y a las cuales me voy familiarizando… Hay palabras que me llaman mucho la atención, como como Kilele, que significa fiesta y emancipación, bambasú, que son los malestares del embarazo, o una danza chocoana, o cumbasá, que es como los indígenas llaman a los negros. Con el tiempo iremos enriqueciendo este Manual para visitantes al Chocó.

Niños de Villa España
 Los chocoanos no te corrigen; te critican y dan harta lengua.
Los chocoanos no son alegres; son cambamberos.
Los chocoanos no dicen: es bonito (a); dicen: tiene lo suyo.
El chocoano no dice: voy hacer el amor; dice: voy ah echarme un tibio.
El chocoano no dice: esa vagina tan grande; dice eso totote o panzote.
El chocoano no dice: esa mujer está bonita; dice: esa vieja aguanta.
El chocoano no dice: ese(a) no levanta; dice: esta pitao(a).
El chocoano no toma viagra; toma balsánica.
El chocoano no dice patio; dice: paliadera.
El chocoano no dice balde; dice: ponchera.
El chocoano no dice: a esta me la gocé; dice: me la borondié.
El chocoano no dice: estas fea(o); dice: estas reventao(a).
Los chocoanos no dicen: niña deje eso ahí........dicen: esta pelaaa vos que es lo que estás cogiendo?
Los chocoanos no dicen: no es así......dicen: no mia morrrrrrrr!!
Los chocoanos no dicen: espérame..... Dicen: perate pué.
Los chocoanos no dicen: me aceptas?.... dicen: como es... rema o no rema.
El chocoano no fracasa..... La embarra.
El chocoano no sale corriendo..... Sale en pura...hijueputa.
El chocoano no se monta..... Se trepa.
El chocoano no es creído..... Se cree una chimba.
El chocoano no echa los perros... el chocoano retaca.
El chocoano no hace rumbas... el chocoano tumba la casa.
El hombre chocoano no compra pastillas para el pipí... el chocoano come chontaduro con jugo de borojo o simplemente se manda a hacer su pipilongo.
La mujer chocoana no se viste... la chocoana se empercha.
El chocoano no es mujeriego... se mantiene enviejao.
El chocoano no dice trasero... dice nalga.
El chocoano no dice caderas… dice promontorio o tumbao.
El chocoano no utiliza quereme…. Utiliza maranguango.
El chocoano no dice: véndame un betún..... Dice: véndame una sinola.
Los chocoanos no se enamoran: se enculan....
El chocoano no desayuna, almuerza o cena: el chocoano tanquea, llena el medio campo o se mete una melona.
El chocoano no toma agua: el chocoano se embucha.
El chocoano no dice: te voy a pegar una patada; el chocoano dice: seguí y te mundeo.
Para el chocoano no existen levantadas: el chocoano habla de patihinchadas o patirrajadas.
El chocoano no dice un pedacito: dice un ñingri.
El chocoano no dice: está lloviendo: dice; está cayendo una picha de agua.
El chocoano no dice: esa vagina es grande; dice: ese es mucho porronchote o ese es mucho gallote o mucho sapote.
El chocoano no tiene un hambre impresionante: ta` rusio del hambre!!!
Los chocoanos no nos tusamos la cabeza; nos cocopelamos.
Los chocoanos no decimos zunga; decimos arrecha.
Los chocoanos no nos enamoramos; nos enfrascamos – enchochopuercamos.
Los chocoanos no nos despeinamos; nos descapurusamos.
Los chocoanos no tenemos hijos; tenemos la pinta.
El chocoano no dice: le hice el amor; dice: la partí, me la piche, le di una guevisa.
El chocoano no dice trenzas; dice sucedidos o gusanillos.
El chocoano no dice chismoso; dice prende puedlo.
El chocoano no dice: estas bonita(o); dice: estas nítida.
Los chocoanos no decimos: te voy a pegar; decimos: hoy te zampo un estropeo.
Los chocoanos no decimos: !hoy voy a hacer el amor! Decimos: !hoy levanto un toto a munda!
Los chocoanos no decimos colada; decimos virimbí.
El chocoano no dice: te queda apretado; dice: te queda cuní.
Las chocoanas no dicen: voy pal salón de belleza; dicen: me voy a repellar.
Los chocoanos no decimos: !Ave María pues! Decimos: ! Ay Dio mío!
Los chocoanos no decimos: niña por favor quédese en su casa; decimos: !veve eta muchacha busca la virgen del reposo oí?

miércoles, 27 de mayo de 2009

MI AMIGO BENJAMIN VENDE LIMONES EN UNA CARRETA

Cada vez que le encuentro me recibe sonriendo, su vivaz mirada tiene la inquietud de lo que pueda deparar el siguiente instante. Habla como si las palabras se pelearan por salir de su boca, y sí, generalmente atropellan en desorden y a uno le toca recomponer y descifrar sus frases, porque vive incorporando cuanto término de diccionario le agrada por su sonoridad Hace algunos años vivía en Cantón de San Pablo, allí tenia su tambo y cultivaba plátanos, borojó, piñas y chontaduros, a veces recogía aguacate o marañones y todo eso lo metía en su canoa a la que cariñosamente había bautizado “El Corcel del Atrato”, y navegaba hasta Quibdo, a vender los productos de su tierra. Casi siempre en el puerto se encontraba con algunos amigos para jugar cartas, bromear, tomar cerveza y contar historias. A su regreso llevaba mercado de grano, jabon, ropa para sus hijos, repuestos para el motor fuera de borda, gasolina, cigarrillos, cortes de tela y abalorios que regalaba a las morenas que cortejaba en el caserío. Allá era un negro pudiente, mantenía una familia numerosa. Aun convive con una mujer grande, fuerte, experta en preparar arroz con longaniza, sopa de queso y arroz empedrado con costilla de cerdo guisada. Ella canta arrullos y cantos de velorio, cuando toma aguardiente canta vallenatos y baila chirimía, sabe de rezos, sabe de contras, sabe atraer el amor y prevenir la malda!! Allá Benjamín atraía a otras mujeres, las encantaba con su dentadura perfecta, su generosidad, sus promesas, su baile y su arrechera. A veces lograba que le funcionara una pequeña planta eléctrica y organizaban fiestas que podían durar tres y cuatro días, no faltaba la discusión, la pelotera, los amagues de pelea y hasta el brillo de los machetes, pero generalmente las cosas no pasaban a mayores y vivían en paz. La comida no faltaba, tampoco la diversión y el techo estaba seguro. Cuando estaba limpia su parcela sacaba tiempo e iba a “mazamorrear” que es buscar oro en las arenas del rio, y cuando andaba con suerte sacaba hasta dos castellanos, que vendía en sus viajes a Quibdó. Si bien es cierto que no tenían un puesto de salud, las mujeres mayores del caserío, sabían de plantas y poderes curativos, de rezos y tratamientos para las cosas malignas; algunas veces los niños asistían a la escuela, cuando llegaban los profesores, si no tenían clase siempre había que hacer, el juego de fútbol, la cacería de la guagua, las rondas y los cantos. Ahí estaban las parteras para atender a las mamas jóvenes; ah tierra fértil para parir y levantar muchachitos en tierras difíciles, con enfermedades tropicales. Mas que desnutrición la causa principal de las enfermedades son las condiciones de aseo y de acceso a servicios públicos lo que ocasiona las epidemias. Son hábitos culturales ancestrales. Así vivía Benjamín. Pero como la selva es lugar donde las bestias mas fuertes imponen su ley, un día entraron unos hombres al caserío y lista en mano fueron llamando a sus habitantes; se llevaron 15 jóvenes y no se volvió a saber de ellos, a quienes trataron de hacer resistencia los ajusticiaron a la vista de todos y les dieron 24 horas para que desocuparan la región. En medio del llanto de mujeres y de niños, montaron lo que les cupo en “El Corcel del Atrato” y llegaron a Quibdó, aquí están, hace más de un lustro, en principio vistos como bichos raros por los quibdoseños, implorando la ayuda de la alcaldía, de la gobernación, tratando de romper la indiferencia de quien puedan…., arrastrando con el estigma de ser pobres e irrumpir la tranquilidad de otras personas. Benjamín, quien seguramente no tuvo mas que dos años de escuela hoy tiene que aprenderse una tracalada de leyes, decretos, tutelas, reglamentos, normatividades, sentencias de la corte, apelaciones, para reclamar e intentar arañar algunos recursos que le permitan rescatar algo de la dignidad que perdió al salir de sus tierras. Seguramente nunca escuchó hablar de los Hutus o los Tutsis, que en menos de cuatro meses por allá en Ruanda se mataron como un millón de ellos, o de las tantas masacres que se padecen diariamente en el planeta, lo que si sabe con certeza es que su drama y su tragedia no le corresponden, no son culpa suya. Pasa sus días con el sol a cuestas, con una carpeta de papeles bajo el brazo, de oficina en oficina, fungiendo de líder de la comunidad desplazada de sus tierras, buscando una brújula para encontrar el norte. Y ahora para darle de comer a su familia, recorre de barrio en barrio las calles de Quibdó. con una desvencijada carreta donde vende limones. Liiiimones… A llevar los liiiimones…..

jueves, 21 de mayo de 2009

El caso es que tenemos mucho en comun!!!!

“Puede que a ti te guste o puede que no

pero el caso es que tenemos mucho en común

bajo un mismo cielo, más o menos azul,

compartimos el aire y adornamos el sol”.

Esta estrofa de una bella canción de Serrat es un canto a la diversidad, una invitación a eliminar de nuestro sentimiento esa fea costumbre de excluir a los que no son de uno u otro color, a los que piensan diferente, a los que se divierten diferente, a los que creen en otros dioses, a quienes disfrutan de sus cuerpos sin sentimientos de culpa, a los que lloran a sus muertos rasgando vestiduras sin convertir el suceso en “eventos sociales”, donde hasta quienes sentimos mayor dolor tenemos que estar bien puestecitos.


Hoy 21 de Mayo es el día de la afrocolombianidad, Quibdó está de fiesta. Me despertaron los sonidos marciales de las bandas de guerra escolares, sobra decir que aquí la cotidianidad es alegrada frecuentemente con desfiles, disfraces, comparsas, y no se pierde ocasión para que todo aquello parezca carnaval y fiesta.

En el paseo al Malecón vi una algarabía de estudiantes en formación, con banderas, estandartes y carteleras que hacen remembranza de los ancestros; algunos jovencitos se engalanaban con trajes típicos del África, países como Ghana o Argelia tienen aquí sus representantes, suenan los instrumentos, se alistan los bailarines, el candombe, el alabao y el vudú también están de celebración. Hoy se rinde homenaje a los negros que entregan su talento a las letras, las artes, la música, la ciencia o la política; yo le rindo admiración a quienes con el espinazo al sol le arañan dos gramos de oro a las aguas del Baudo, a quienes descargan racimos de plátano en los puertos, a las matronas que fritan pescao en braseros de leña, a las madres solteras y jovencitas que trabajan en casas de familias por cualquier moneda o libra de arroz, a quienes salieron despavoridos de sus tambos antes de que las motosierras los picaran como a la madera que se les roban…

Naturalmente le rindo admiración a Candelario Obeso, al maestro Zapata Olivilla, a Oscar Collazos y a Sonia Truque, al maestro Rojas Erazo, a Teresita Gómez, a Gualajo… gracias a todos ellos y a muchos mas por su talento, por su alegría, gracias por el fuego, por la magia y la sensualidad, por los cantos a sus ancestros, gracias por los tambores, gracias a los cimarrones porque nos enseñaron que la libertad tiene su precio…

Para mis amigos de Bogota, Pacho Amin, Juan Mosquera, el negro Yimi, Esperancita, Neris, los noctámbulos de África o de Bongó, un abrazo con el alma.

Hoy, como en muchos lugares del país, se realizaran más de 180 eventos, Ojalá que la fiesta sea pa todo el año, que nos vacunemos contra la discriminación, pero que la vacuna no caduque o actúe solo en ciertas circunstancias. Yo sencillamente me sentare a tomar un “regional” (aguardiente de alambique) con algún amigo afro, de los que cargan una carreta y venden limones por las calles de Quibdó.

“yo blanco y tú como el betún

y, fíjate,

no sé si me gusta mas de tí

lo que te diferencia de mi

o lo que tenemos en común.

Te guste o no
me caes bien por ambas cosas

lo común me reconforta,

lo distinto me estimula.”

(En la fotografía esta mi hija Paula y una amiga)
“Puede que a ti te guste o puede que no
pero el caso es que tenemos mucho en común
bajo un mismo cielo, más o menos azul,
compartimos el aire y adornamos el sol”. Esta estrofa de una bella canción de Serrat es un canto a la diversidad, una invitación a eliminar de nuestro sentimiento esa fea costumbre de excluir a los que no son de uno u otro color, a los que piensan diferente, a los que se divierten diferente, a los que creen en otros dioses, a quienes disfrutan de sus cuerpos sin sentimientos de culpa, a los que lloran a sus muertos rasgando vestiduras sin convertir el suceso en “eventos sociales”, donde hasta quienes sentimos mayor dolor tenemos que estar bien puestecitos.
Hoy 21 de Mayo es el día de la afrocolombianidad, Quibdó está de fiesta. Me despertaron los sonidos marciales de las bandas de guerra escolares, sobra decir que aquí la cotidianidad es alegrada frecuentemente con desfiles, disfraces, comparsas, y no se pierde ocasión para que todo aquello parezca carnaval y fiesta. En el paseo al Malecón vi una algarabía de estudiantes en formación, con banderas, estandartes y carteleras que hacen remembranza de los ancestros; algunos jovencitos se engalanaban con trajes típicos del África, países como Ghana o Argelia tienen aquí sus representantes, suenan los instrumentos, se alistan los bailarines, el candombe, el alabao y el vudú también están de celebración. Hoy se rinde homenaje a los negros que entregan su talento a las letras, las artes, la música, la ciencia o la política; yo le rindo admiración a quienes con el espinazo al sol le arañan dos gramos de oro a las aguas del Baudo, a quienes descargan racimos de plátano en los puertos, a las matronas que fritan pescao en braseros de leña, a las madres solteras y jovencitas que trabajan en casas de familias por cualquier moneda o libra de arroz, a quienes salieron despavoridos de sus tambos antes de que las motosierras los picaran como a la madera que se les roban… Naturalmente le rindo admiración a Candelario Obeso, al maestro Zapata Olivella, a Oscar Collazos y a Sonia Truque, al maestro Rojas Erazo, a Teresita Gómez, a Gualajo, y reconozco los inmensos aportes que su venerable raza nos ha entregado. Gracias por el fuego, gracias por la magia, gracias por la sensualidad, el saboreo, las palmeras, gracias a los cimarrones por ensenarnos que la libertad es el mas preciado tesoro.... Para mis amigos de Bogota Pacho Amin, Juan Mosquera, el negro Yimi, Esperancita, Neris, los noctámbulos de África o de Bongo, un abrazo con el alma. Hoy, como en muchos lugares del país, se realizaran más de 180 eventos, Ojala“Puede que a ti te guste o puede que nopero el caso es que tenemos mucho en comúnbajo un mismo cielo, más o menos azul,compartimos el aire y adornamos el sol”. Esta estrofa de una bella canción de Serrat es un canto a la diversidad, una invitación a eliminar de nuestro sentimiento esa fea costumbre de excluir a los que no son de uno u otro color, a los que piensan diferente, a los que se divierten diferente, a los que creen en otros dioses, a quienes disfrutan de sus cuerpos sin sentimientos de culpa, a los que lloran a sus muertos rasgando vestiduras sin convertir el suceso en “eventos sociales”, donde hasta quienes sentimos mayor dolor tenemos que estar bien puestecitos.
Hoy 21 de Mayo es el día de la afrocolombianidad, Quibdó está de fiesta. Me despertaron los sonidos marciales de las bandas de guerra escolares, sobra decir que aquí la cotidianidad es alegrada frecuentemente con desfiles, disfraces, comparsas, y no se pierde ocasión para que todo aquello parezca carnaval y fiesta. En el paseo al Malecón vi una algarabía de estudiantes en formación, con banderas, estandartes y carteleras que hacen remembranza de los ancestros; algunos jovencitos se engalanaban con trajes típicos del África, países como Ghana o Argelia tienen aquí sus representantes, suenan los instrumentos, se alistan los bailarines, el candombe, el alabao y el vudú también están de celebración. Hoy se rinde homenaje a los negros que entregan su talento a las letras, las artes, la música, la ciencia o la política; yo le rindo admiración a quienes con el espinazo al sol le arañan dos gramos de oro a las aguas del Baudo, a quienes descargan racimos de plátano en los puertos, a las matronas que fritan pescao en braseros de leña, a las madres solteras y jovencitas que trabajan en casas de familias por cualquier moneda o libra de arroz, a quienes salieron despavoridos de sus tambos antes de que las motosierras los picaran como a la madera que se les roban… Naturalmente le rindo admiración a Candelario Obeso, al maestro Zapata Olivilla, a Oscar Collazos y a Sonia Truque, al maestro Rojas Erazo, a Teresita Gómez, a Gualajo Para mis amigos de Bogota Pacho Amin, Juan Mosquera, el negro Yimi, Esperancita, Neris, los noctámbulos de África o de Bongo, un abrazo con el alma. Hoy, como en muchos lugares del país, se realizaran más de 180 eventos, Ojala que la fiesta sea pa todo el año, que nos vacunemos contra la discriminación, pero que la vacuna no caduque o actúe solo en ciertas circunstancias. Yo sencillamente me sentare a tomar un “regional” (aguardiente de alambique) con algún amigo afro, ojala de los que cargan una carreta y venden limones por las calles de Quibdo. “yo blanco y tú como el betún
y, fíjate,no sé si me gusta mas de tí
lo que te diferencia de mi
o lo que tenemos en común.
Te guste o no
me caes bien por ambas cosas
lo común me reconforta,lo distinto me estimula.”

lunes, 18 de mayo de 2009

Postales de Quibdo!!!

Tan solo l@s invito a recrearnos con estas estampas de una tierra caliente que parece lejana y sin embargo nos es entrañablemente familiar!!!

































































































































jueves, 14 de mayo de 2009

En Quibdó no todo es corrompición!!!!!!!!

Para los incrédulos, aquellos que piensan que este es un puerto olvidado por las administraciones, corrupto y que anda a la deriva y desconectado de la realidad nacional, con políticos vinculados a la parapolitica e investigados por una tracalada de desfalcos, cohechos, prevaricatos y demás, les cuento que el progreso avanza: la era de los semáforos ha llegado a Quibdó, en el mes de Abril se instalaron los primeros cuatro…. En el centro de la ciudad abren y cierran huecos, taladran, perforan arreglando tuberías, cables y andenes que hacen imposible el tránsito de las miles de mujeres embarazadas que hay por aquí; creo que Quibdó tiene la mayor densidad promedio por hectárea de mujeres embarazadas en todo el país. La gran mayoría son jovencísimas y lo mas extraño es que casi todas andan sin su parejo, o por lo menos lo veo así, de pronto se ven algunas parejitas de los que ellos llaman “paisas”, pues para ellos todos los que venimos de afuera somos “paisas”, les parece? Están tan invadidos por estos especimenes que la mayoría son hinchas del Atlético Nacional!!!!!!

Pero que cantidad de mujeres embarazadas. Este pueblo es muy arrecho, cuando bailan tiran con ropa. El reggaeton y la champeta son danzas sensuales y sexuales en donde las mujeres bailan de espaldas al hombre… eso es una gozadera. Nosotros, los del interior seguramente haríamos el ridículo intentando cualquier tipo de acople, difícilmente encajamos en la natural, y permanente, disposición hacia los encuentros eróticos que caracteriza a nuestros amigos afros. Las negras cuando quieren a sus negros, cómo los miman, como los abrazan y les sonríen, cómo los cuidan, los miran y no se las creen… Son amores a lo cubano, de paseo al malecón, a las riberas del Atrato, a chupar helado, a mirar la tarde, a retozar de noche…

Cada vez las mujeres son mas hermosas, tienen mayores atributos, si hay algo que me llama la atención es un donaire, una elegancia y el tumbao al caminar. Aquí no veremos negras andando por la calle con la cabeza baja o cruzadas de brazos como si fueran a realizar un mandado, al menor acorde musical se contonean, existe un culto a la apariencia, por eso hay tantas salas de belleza, los cabellos en trencitas, con chaquiras son propios de las mujeres con mayor arraigo, las mas pudientes, las cosmopolitas, las que viajan o tienen cargos importantes prefieren entrar en la moda de los alisados. Se visten de mil colores, se engalanan con accesorios llamativos y cuando ríen salen a relucir sus perlas, su espontaneidad, la picardía y cierta dulzura que extasía.

Como la ciudad es la gente, los quibdoseños son amables, amigables, procuran ser impecables en el vestir, su charla es rápida, ruidosa, sencilla y divertida. Son extremadamente decentes y desprevenidos, no existe agresividad en su tono, mas bien tienden a ser resignados. Mantienen su dignidad, casi no hay indigentes o personas que pidan dinero. Son contemplativos, melancólicos y aunque tienen su malicia natural a veces son ingenuos, -tal vez por este motivo los políticos y clases dominantes les manejan su idiosincrasia y los mantienen sumisión y conformismo-.

Bueno, aquí no hay centros comerciales, ni grandes superficies para comprar cosas, ni siquiera pasajes comerciales, ni escaleras eléctricas, ni fuentes de agua: en cambio en cada cuadra se encuentran almacenes que los sabios indígenas del Vaupés bautizaron como “cacharro e’ blanco”, toneladas de baratijas, sandalias, abalorios, fantasías y tiestos de cocina inundan el mercado. Pero no hay una buena librería, o un buen almacén de artesanías. Eso si hay compraventas, pero no crean que son como esas pichurrias de Chapinero o de la décima, llenas de televisores, dvds, cámaras, porcelanas italianas y relojes… aquí solo se comercia con oro, hay millares de anillos, cadenas, dijes; como en la colonia, el oro es el símbolo del poder y la riqueza.

De viernes a domingo hay mucho ruido, parece que en cada casa hubiera una gran fiesta, y uno se asoma y tan solo hay un negrito con su equipo de sonido a todo dar, como les dije aquí se escucha vallenato, la salsa del Pacifico, que no es ni la Ponceña, ni la Fania ni don Cheo, los domingos hay sitios donde suena chirimía y ya…. O hasta ahora no me he enterado de nada más. Al parecer la mayoría de ellos desconoce como se llama la flamante ministra de cultura, y por ninguna parte se ve el culto a la memoria de los negros importantes, salvo la natural obamania, estas tierras no las visita Miles Davis, ni el cronopio de Armstromg, Bebo Valdés, la rebeldía de Malkhom X o de Benkos, las letras de Amir Baraka o de nuestro querido Zapata Olivella. De aquí es Maturana, el entrenador, a quien no quieren porque dicen que no ha hecho nada por esta región, también es chocoano Jairo Varela el de Niche, ese si ha realizado valiosos apoyos a la difusión del folclor y la cultura chocoana.

Ay de la Bogota lejana, extraño su frío, sus congestiones, a los amigos, los tangos y el sentir bohemio, sus mil y un eventos cada día, sus noches de bufandas y de vino… A cambio he venido a contemplar las tardes del Atrato, a sentir la lluvia en los tejados, a caminar entre palafitos, a escuchar tambores, a comer pescao, a dar una mano a quienes tienen la esperanza de que el futuro traerá menos congojas, y a colocar emplastos de trópico, marañón y borojó a este atribulado corazón.