miércoles, 22 de junio de 2022

El bolero colombiano

 

                                                                                        Cenelia Alcázar

Hay amores que se vuelven resistentes a los daños, como el vino que mejora con los años: EL BOLERO COLOMBIANO

“Ay! mi piel, que no haría yo por tí
por tenerte un segundo, alejados del mundo
y cerquita de mí
Ay! mi piel, como el río Magdalena
que se funde en la arena del mar,
quiero fundirme yo en tí.”

 

Desplegar  las alas del sentimiento y emprender una breve exploración por el bolero colombiano es permitirnos recorrer un laberinto que se adentra por zaguanes y patios con materas, por lavaderos y aljibes de estancias que evocan aromas de suspiros y noches enlunaradas; por callejuelas de paredes carcomidas recorridas una y otra vez por músicos ambulantes y serenateros;  por paisajes cantineros, también es sentarnos a disfrutar  crepúsculos con palmeras y arreboles, visitar avisos de luces de neón y bombillitos rojos que invitan a adentrarse en la noche y colocar boleros “de arrastre” en traganíqueles… y en el siguiente recoveco, bailar o llorar (o las dos cosas a la vez) en una inequívoca intervención de sensiblería baladí, o trascendental… vaya uno a saber. También es tomar la guitarra en complicidad con los amigos, y cantarle a la vida, al terruño, a lo que somos, a lo que tal vez quisiéramos que hubiera sido.

El propósito de esta columna es invitar a los lectores a servirse una copa y escuchar boleros, a hacerse su propia banda sonora, a cantar y hablar de ellos, porque, como decía García Márquez “hablar de música sin hablar de los boleros es como hablar de nada”. Tal vez tengamos coincidencias, pero qué bueno es condimentar el diálogo con otras vivencias y reflexiones y decir como Edmundo Arias: “Muchas gracias, viejo amor,/por haberme hecho feliz/en los días que nos quisimos.”

Hay que reconocer que hemos sido más consumidores de boleros que productores de ellos. Gracias al apogeo de los cines de barrios y pueblos, y la  proyección de espléndidas películas con ídolos mexicanos, hacia la mitad del siglo pasado el bolero de ese país fue el género más escuchado y promocionado en este ámbito por disqueras y empresarios del espectáculo; acá  tuvimos una colección de tenores que imitaban a los grandes de México como Pedro Vargas o el maestro Ortiz Tirado, y por supuesto, resmas de tríos al estilo de Los Panchos, que con su lánguido repertorio llegaban a puertas y ventanas de pretendidas doncellas de todas las condiciones sociales. En los bares y sitios de baile, con la traviesa y permisiva incursión de la música antillana se abría paso de manera magistral “El Jefe” Daniel Santos, y sus émulos colombianos, quienes, como buenos imitadores, incursionaron también en los imperios del inframundo, en esos séptimos cielos destinados a los privilegiados que transitan por la cuerda floja de la bohemia y la incertidumbre. Tito Cortés, Tony del Mar, y Raúl López son estrellas criollas de barras y cortinas rojas. En el parnaso de los dueños de la noche tienen su pedestal Olimpo Cárdenas, Oscar Agudelo, Lucía Herrón y Alci Acosta; de ello pueden emitir certificado de autenticidad las emisoras, las cuentas de licor, los ceniceros  y las madrugadas.

Es Colombia terreno fértil para los apasionados e investigadores del género. Quien desee navegar por su memoria, tiene que necesariamente remitirse a Jaime Rico Salazar, con su libro de “Cien años de bolero”, a Alfonso de la Espriella con su caótica investigación de la “Historia de la Música en Colombia a través del bolero”, a los programas radiales y escritos de César Pagano, al libro de Fernando Linero Montes “El bolero en sus propias palabras” , a los blogs de coleccionistas y entusiastas, y, claro, escuchar muchos boleros, amangualar el alma con sus encajes, su bisutería y sus trágicos y almibarados desengaños. En un buen número de novelas, en los poemas, en las crónicas de pueblos, el bolero es un referente, se inscribe en el territorio de emergencia que posibilita la resonancia de nuestros suspiros.

Muchos de nuestros buenos cantantes se han adentrado en el bolero, ahí están el privilegiado Carlos Julio Ramírez, la inolvidable Matilde Díaz, la excelente voz cartagenera de Cenelia Alcázar, el gran Nelson Pinedo con la Sonora matancera, y más recientemente Lucía Pulido, Beatriz Castaño, Claudia Gómez, Ana María González, Aristarco Perea “Arista”, Sofronín Martínez, María Isabel Saavedra, Yuri Buenaventura y Andrés Cepeda. (pido excusas a los que no cité… es por cuestiones de espacio).

El bolero es un crisol donde se funden letra, música, armonía, frivolidad e idiosincrasia; por ello debe escribirse con tintas que dibujen nuestra identidad. Sin embargo, hay que decirlo, no hemos tenido muchos compositores de boleros de amplio reconocimiento en el universo sonoro del género. Tal vez con la excepción de Jaime R. Echavarría (el de Noches de Cartagena), o el más grabado por boleristas internacionales, el quindiano Rubén Márquez (Qué me has dado tú), han sido escasos esos prolíficos juglares de bolero. Algunos de nuestros buenos compositores de música tropical volcaron su inspiración en el bolero: es el caso de Lucho Bermúdez (Te busco), Edmundo Arias (Evocación), Arista (No me pidas el perdón), Tito Cortés (Reconciliación), José Barros, quien además compuso “No pises mi camino”, “Como tú reías y “Busco tu recuerdo”, cantados por Charlie Figueroa; y continúa la discusión sobre su autoría del bolero “En la orilla del mar”, cantado por Bienvenido Granda con la Sonora Matancera. Yo destacaría también “Me enamoré de ti”, compuesto por Santander Díaz, “Locura mía” del nariñense Jaime Enríquez Miranda, “Tan lejos” de Alvaro Dalmar, del que hizo una bellísima versión la puertorriqueña Virginia López y “Noches de Bocagrande”, de Faustino Arias, interpretado por el Trío Martino.

Esta limitación de repertorio nuestro se hace evidente cuando, por citar un ejemplo, en los concursos y festivales de bolero de Caicedonia y Riohacha, las interpretaciones corresponden a boleros muy conocidos, de amplia difusión, casi todos de compositores foráneos. Hay una cierta prevención hacia la novedad, pues los participantes se ajustan a la comodidad de lo conocido, que garantiza de alguna manera el aplauso del público; si no hay creación y renovación de calidad, no hay evolución. Caso excepcional, y que señala posibles caminos de continuidad, es el excelente bolero compuesto por Shakira, para la banda sonora de la película “El amor en los tiempos del cólera”, basado en la novela de García Márquez. “Hay amores” es un bolero de altísima calidad, su letra es profunda, evocadora, con referencias a nuestras geografías, retoma las raíces de lo que se podría considerar bolero colombiano y lo engrandece de una forma contemporánea, la melodía también nos ubica en la época, pues evoca las tendencias sonoras de moda en la cronología en que se desarrolla la novela. Lamentablemente solo compuso ese….

Ay! mi bien, no te olvides del mar/Que en las noches me ha visto llorar/tantos recuerdos de Ti/ Hay amores que se vuelven resistentes a los daños/Como el vino que mejora con los años/Así crece lo que siento yo por ti/Hay amores que parece que se acaban y florecen/Y en las noches del otoño reverdecen/Tal como el amor que siento yo por tí…

Cómo contribuye a sublimizar el amor de Fermina Daza y Florentino Ariza en la película, pero además tiene la virtud de que se puede escuchar y disfrutar sin tener siquiera noción de la existencia de la novela.

A veces cuando leo poesía de autores colombianos creo tener entre mis manos la letra de un bolero; en los nuevos sonidos de fusiones con el jazz, con la música de los litorales y las manifestaciones sonoras andinas, hay un riquísimo filón por explorar, el bolero tiene el sortilegio de ser atemporal, de alguna manera, cada uno de nosotros (y nosotras) lleva, mínimo, un bolero en el corazón; que gratificante sería transportarnos en el delicioso tiovivo que en sus vueltas nos hace creer que lo soñado es una hermosa posibilidad; que esta convulsionada realidad social que vivimos también puede ser expresada en sones de boleros, como lo han hecho sus músicos en otras latitudes del Caribe.   

martes, 21 de junio de 2022

El bolero - Hoy como ayer

 


EL BOLERO: HOY COMO AYER

“Tú me acostumbraste a todas esas cosas

Y tú me enseñaste que son maravillosas”

 

En la atmósfera de las conversaciones musicales, suele decirse que para escuchar bolero hay que escudriñar entre los discos viejos que deleitaron a los abuelos en radiolas y emisoras, y que, en la actualidad, para ello habría que reencauchar los tornamesas y auscultar las voces que fueron cómplices de amores imposibles, de romances platónicos y deslices furtivos. Los tríos y las serenatas con boleros, ante la escasez de ventanas clandestinas y floridos balcones, han sido sustituidos por altisonantes escuadrones de mariachis y otros géneros populares.  Sin embargo, a mi parecer, esta apreciación puede estar un poco alejada de la realidad.

En estos días es posible navegar a través de las plataformas digitales por las versiones clásicas de las grandes orquestas y boleristas insignes, que hicieron de este género uno de los preferidos de los melómanos del siglo pasado. Es la manera más usual en que se escucha hoy la música; ahí, siguen cantando cada vez mejor Toña la Negra, Celio González y el jefe Daniel Santos. En ese complejo escenario de tecnologías evolucionando, nubes y horizontes de la virtualidad, han desaparecido las tiendas de música, y con ellas se van extinguiendo los coleccionistas de discos, de acetatos, de carátulas, versiones y cuidadas ediciones. Sus amplios anaqueles pueden caber tal vez en una memoria Usb, que es como “tener una colección de estampillas en fotocopias”.

Los bares y sitios de diversión de las ciudades han experimentado una metamorfosis que excluyó casi de manera rotunda al bolero. Las fondas, las rockolas, aquellos pequeños rincones de añoralgias que hacían ingentes esfuerzos por permanecer han sucumbido al tiempo y a los vaivenes de los gustos musicales, esporádicamente se escuchan, y no de la mejor calidad, en las mal llamadas “viejotecas”, que son como el cuarto de San Alejo de lo que se considera que el viento y el tiempo se llevaron.

El espectro de géneros musicales, y especialmente los de las nuevas generaciones, se ha ampliado, la oferta de consumo efímero cada día crece, los sentimientos y acercamientos eróticos fluyen a diferente ritmo y con nuevos ingredientes que generan placeres, al parecer, más complejos. Aún en medio de ellos el bolero, en un íntimo sincretismo se transforma para permanecer, es la magia de un género que se nutre de nuevas disonancias, se apropia de conceptos musicales de vanguardia, lo han interpretado en ocasiones baladistas otoñales, pero su gran acierto fue haberse logrado insertar y permanecer en el maravilloso sonido de los grandes salseros, que lo encausaron por las corrientes que transita hoy.

En una opinión muy personal, creo que el género se ha cualificado, ha sofisticado su sonido, y de esta manera continúa cautivando a una selecta audiencia que reconoce la validez de sus raíces y su historia, y a la par que se deleita con los grandes del género, exige nuevas versiones, letras más contemporáneas y texturas que se confabulen con estéticas vanguardistas.

Las nuevas corrientes del bolero recurren a fuentes que, en conspiración de influencias y entrecruzamiento de expresiones y armonías, se amalgaman con los sonidos tradicionales y el jazz. El Filin cubano lo hizo en su momento, al igual que las cadencias del BeBop en la sonoridad de la orquesta de Beny Moré. El jazz refresca de manera sorprendente la armonía, al asignar un lugar preponderante al virtuosismo de los instrumentistas; en las versiones recientes de los boleros clásicos, y en los nuevos boleros, la estructura musical es, incluso más importante que la letra. Las voces actuales han tomado giros que amplían sus posibilidades y registros con inflexiones que, de alguna manera evidencian un quiebre con las armonías de antaño; de ahí que los grandes músicos del latin Jazz experimenten sus universos sonoros en el bolero, y se hayan elegido temas que por su calidad se convierten en Standars, como el inigualable “Tú, mi delirio”, del maestro cubano César Portillo de la Luz, o el aclamadísimo “Cómo fue” de Ernesto Duarte.

De alguna manera nuestra concepción del mundo y la manera como expresamos los sentires se ve reflejada e influenciada por el tipo de música que escuchamos; hay sonidos y melodías que dejan marcas indelebles y tienen la ensoñación de abrazar el mar y extasiarnos en evocaciones mirando el firmamento, aunque “el mar y el cielo se ven igual de azules/y en la distancia parece que se unen”.

El género ha pasado a ser de minorías, y al desaparecer la radiodifusión, los programas musicales, las ventas de discos y las compañías disqueras que promocionaban a los artistas, ese universo musical actual de influencers y videomanía, no es el escenario más idóneo para el reconocimiento de los actuales cultivadores del bolero, sin embargo, ellos están vigentes, reclaman su permanencia con su noctámbula y devota inspiración, y su crisálida que recrea melodías, son el susurro premonitorio de que tendremos bolero para rato.

Grandes artistas cubanos como Isaac Delgado, Dayme Arocena, (una invitación a escuchar el clásico "Bésame Mucho", donde se hace acompañar por el talentoso trompetista cubano Yasek manzano y su cuarteto),  Raúl Gutiérrez, Cucurucho Valdés y Geidy Chapman,  el mismo Chucho Valdés, para solo citar algunos, tienen trabajos bolerísticos de altísima calidad; las fusiones del Cigala o de Salvador Sobral en España, y en nuestro país, Andrés Cepeda con sus incursiones en el bolero con Big Band, el polifacético Yuri Buenaventura, la vanguardistas versiones de Boleros Azules y Beatriz Castaño, las notables interpretaciones de Fernando Linero y el desaparecido Gabriel Rondón, las esporádicas apariciones en el género de Claudia Gómez, Majo y  Ana María González, por ejemplo, refrescan el panorama y hacen evidente la permanencia de un bolero que nos exige ir más allá de la tonada, salirnos del cancionero y vislumbrar futuros que hagan que “ese corruptor de mayores” permanezca en el sentimiento de una cofradía que aún cree en esos arpegios que con un ritmo cadencioso y sensual acicalan la melancolía.   

jueves, 16 de junio de 2022

Divagaciones alrededor del bolero


 

DIVAGACIONES ALREDEDOR DEL BOLERO

 

Esa noche fue larga, interminable,
habían sufrido tanto nuestras almas,
que los dos comprendimos que era tarde
el querer remediar aquel agravio
.”

Demasiado tarde – Roberto Cantoral

Así existan cientos de publicaciones, numerosos excelsos conocedores del género, entrañables amigos defensores, apologistas, filósofos y poetas que lo abrazan como a una novia nueva o a un gin tonic en una velada con besos y velitas, me atribuyo el derecho de entregar mi versión. Tal vez sea un atrevimiento, pues con el bolero tenemos muchas contradicciones, es algo así como una atracción matrera, apache, que va en contravía de ese sentimiento que se llama amor. Y a pesar de ello, con su cursilería, con la gran mentira que pregona en sus letras, se abre paso entre mis gustos musicales. No puedo resistirme ante un buen bolero, o mejor aún, ante una versión que me cautive.

El bolero es lánguido, perverso y empalagoso, sus letras conllevan dosis extremas de delirio, de ansiedad, de desencanto, de corazones exprimidos ya sea por el frenesí de lo que puede ser y no es, o de aquello que ya no es y nos precipitó al desbarrancadero del sufrimiento. En el terreno de ese amor que nos describe todo es posible, lo irreal nos atrapa, lo prohibido encuentra una válvula para mitigar la hecatombe del embeleco de nuestros sueños irreales.

En ese panorama de cielos estrellados y de nubarrones se erige una cruz con un corazón crucificado que reclama justicia sentimental, que le implora al más allá que la cábala de los deseos sea certera. Y, sin embargo, ¿Cómo puede el bolero transmitir tanta belleza?  Ese es el dilema que implica la intrincada maraña de sentimientos que nos habitan. El desengaño, la desolación y la esperanza se juntan en un íntimo abrazo de reconciliación, pues lo querido alcanza dimensiones épicas y lo inalcanzable naufraga en la intimidad de la disculpa y la justificación.

La evocación está repleta de frustraciones, el porvenir de incertidumbres, y el presente, con sus instantes va elaborando la huella indeleble de nuestra historia pasional. Entonces el bolero, sus trovadores, sus eximios compositores e intérpretes, -siendo don Agustín Lara, de lejos, el mejor, a quien le tributo una ofrenda en el altar del bolero- logran desentrañar de los resquicios del alma aquello que nos desvela y nos entrega esa identidad latinoamericana, mezcla de melancolía india, de diáspora africana, de quimeras de aventureros europeos: el romanticismo criollo, caribe, plañidero y sensual.

El bolero es un compendio de sensaciones encontradas, que encuentra el traje perfecto en el virtuosismo de sus prodigiosas voces. Cada versión es diferente, transmite novedosos elementos para jugar con los sentidos. En una época contemporánea donde son dinámicos los valores y se incentiva el inmediatismo de los encuentros furtivos y efímeros, el bolero entrega una lección de permanencia, pues en sus músicas las manecillas del reloj llevan una lentitud exasperante. “Noche no te vayas” es un ruego de tres minutos y nos parece eterno, como esa alborada que no deseamos que aparezca.

El bolero tiene la complicidad de la noche, de la bohemia, de la soledad de los enamorados. Cuando se baila permite que la piel se acerque en forma de íntimo poema…. ¿Cómo no quererlo?

Tengo la convicción de que el género en la actualidad es patrimonio inmaterial del espíritu de unos pocos “iniciados” que, rompiendo las fronteras políticas y culturales, hemos caminado por senderos que van dejando canas, recuerdos y añoranzas. Tal vez esa herencia sea suficiente motivo para aplaudir las versiones recientes de calidad, que buscan seducir a nuevos adeptos. Además de escuchar a las voces consagradas, las interpretaciones de esos personajes casi desconocidos como Arista, Sofronín Martínez o Amparito Escobar, que oxigenan el oído, qué inmenso placer depara realizar el espléndido ejercicio de escudriñar, buscar en viejos anaqueles exquisiteces o, simplemente dejarnos llevar por el embrujo interpretativo de Roberto Faz, Pete el Conde Rodríguez, Héctor Lavoe, Rubén Blades, Joe Quijano, Cheo Feliciano, Helena Burke, Pablito Milanés, cuando nos entregan maravillosas versiones que, como decía un amigo de mi padre: “Le sacan viruta al alma”.

viernes, 16 de noviembre de 2012

COLINOS PARA TIEMPOS VENIDEROS EN MEDIO DE UN PARO ARMADO EN EL CHOCÓ


A muy pocos días de iniciarse los diálogos de paz en la Habana, en medio de un paro armado que ha decretado la insurgencia, cuando se ha paralizado el transporte en las pocas vías que hay en el departamento del Chocó,  cuando se ha prohibido la navegabilidad por los ríos del departamento, cuando la gente va atemorizada por campos y centros urbanos, cuando se viven sentimientos de zozobra e impotencia de los pueblos negros e indígenas en un territorio contra el cual se han ensañado, que ha sido expoliado y usufructuado por unos cuantos….. sí, en medio de ese territorio que es casi desconocido para la mayoría de los colombianos, que aparte de las noticias de orden público, su exótico paisaje y su reiterada pobreza, ah, y de los goles que siembran sus futbolistas en las canchas del mundo, no se dibuja en otros imaginarios… sí, en medio de ese temporal escenario de conflicto, desgobierno y corruptelas, hay otro Chocó que se construye, que va reforestando la vida, que sabe de sus potencialidades y que le apuesta a un futuro con agua limpia, con oxígeno y con dignidad.
Embera
Es la gratificante y esperanzadora sensación que queda después de asistir al evento que organizó el Instituto de Investigaciones Ambientales del pacífico, IIAP, y en el cual presentó el documental EMBERA de Andrés Estefan y Felipe Pinzón, que testimonia el despojo y las cada vez más difíciles condiciones de vida de los pueblos indígenas del Chocó, entre ellos los Embera Dobida, o Emberas de río, que van sucumbiendo al impedírseles practicar libremente sus actividades de caza, pesca y recolección, a la expulsión de sus territorios, a “las locomotoras” del progreso, a la indolencia, al desprecio y al abandono de la sociedad y de las instituciones del Estado; que están siendo arrinconados por el brutal avance de los intereses del capital.

Así mismo, en este evento, -que se tuvo lugar en el auditorio del Banco de la República de Quibdó- se presentaron las más recientes publicaciones del Instituto, una de ellas: CHOCÓ BIOGEOGRÁFICO “Aportes al conocimiento de los ecosistemas estratégicos y las espacies de interés especial”, cuenta de humedales, de manglares, de páramos, de espacies animales y vegetales amenazadas. Es un libro que tiene la disciplina y la rigurosidad de la investigación, y que valora los conocimientos tradicionales de las comunidades, y que aún para quienes no somos expertos en ciertos temas nos enseña sobre “las plantas más representativas del Páramo del Duende” , que si bien no estamos familiarizados con nombres como Alstroemeriaceae, nos la ilustra con excelentes fotografías a todo color.
Chocó Biogeográfico
Y nos alerta sobre las especies de peces en peligro (amenazadas, como casi toda la población del departamento) y de patos, pajuiles, monos ahulladores, tatabros, cotorras, tigrilos y caimanes, que al paso que vamos las próximas generaciones (si las hay) solo los conocerán en forma de muñecos de peluche.  

Por fortuna, el libro cierra esperanzador con un capítulo sobre Biocomercio y Mercados Verdes, que permite avizorar la posibilidad de que existan alternativas de usos sustentables de esta franja del pacífico.

Otra valiosa publicación es “Los ancestros y el patrimonio cultural en el Chocó” de autoría de la profesora Ana Gilma Ayala; aborda temas tan interesantes e indaga respuestas a preguntas sobre ¿Quiénes son y dónde están nuestros ancestros?, ¿donde han dejado marcada su huella?,  rememora los códigos éticos de los ancestros y nos invita a hacer un viaje por la arquitectura tradicional chocoana, sobre su cultura material,  de hornos de tucos,  de paliaderas, sosungas y manducos.  Narra de la importancia de la religiosidad chocoana en el parto; de partos y parteras, de bebedizos, vahos, pringues, lavatorios, purgantes, baños…. 
Los ancestros y el patrimonio cultural en el Chocó
Del chumbe la ombligada, de la importancia de las parteras en la comunidad. El libro es un aporte al fortalecimiento de la tradición y las expresiones orales de la cultura chocoana. Aún cuando de entrada en el libro se habla del Chocó habitado por el pueblo negro y los pueblos indígenas Embera, Wounan, Katío, Tule y Chamí, en su contenido no se refleja de forma categórica la cultura indígena como parte de la identidad chocoana, aún queda mucho por hacer para  saldar la deuda histórica con estos pueblos ancestrales.

Otras publicaciones que se presentaron fueron: “Luces en la Manigua” de Almicar Cuesta Torres, entrevista con diez protagonistas de la historia reciente chocoana, y ”Mis noches negras”  de Nohelia Mosquera,  un libro de cuentos y relatos para niños.

Este valioso esfuerzo del IIAP, sus directivas, su equipo de investigadores, merece el reconocimiento y la gratitud de un pueblo que necesita símbolos para la vida, argumentos sólidos para conservar su identidad cultural y su entorno biogeográfico, y para plantear nuevos derroteros para el bienestar de sus gentes, en contraposición a políticas centralistas diseñadas para arrasar con territorios colectivos y llenar de sedimentos el cauce de los ríos.

Eventos de esta naturaleza, como el realizado a finales de Octubre cuyo lema fue “El Chocó dice sí a la seguridad alimentaria” reafirma que en este contexto es imprescindible la biodiversidad como base para la seguridad alimentaria, para la seguridad nutricional y alimenticia de los niños y niñas del Chocó, para la soberanía sobre las semillas, para la autonomía de las comunidades, dejan la puerta entreabierta para pensar que “los soñadores aún tenemos oportunidad de construir en armonía, que aún hay espacios para disoñar, que en nuestro compromiso social y estético aún podemos ofrecer el corazón”.

Colino: Área cultivada en forma asociada con diferentes especies de alto valor de uso, para la alimentación, la medicina y otros. 

lunes, 5 de noviembre de 2012

LEÓN DE GREIFF: Poeta hondo, juguetón, paradójico y sublime!!!!


BALADA INTRASCENDENTE DE ALDECOA, LEO Y GASPAR

ALDECOA, Leo
y Gaspar,
van diciendo versos
al mar,
van diciendo versos
al monte,
versos al mentido
horizonte,
y a la luna sola
y triste
que a la gente absurda
asiste.

Van diciendo versos
al mar
y al mundo…., versos
que hacen reír y hacen llorar.
Y versos a las amadas
novias,
Y sátiras y burlas
A las fobias,
Y a las tiranías yambos,
Y a las cosas bellas
Ditirambos….!

Van diciendo versos
al mar, y a Sirio,
a la mujer, a la sapiencia
y al delirio….
Y ríen de los burgos
y ciudades
solembes, equiláteros
Bagdades
y Bizancios y Síbaris
son
ciudades caras a este triple
corazón!

Y vagan por las alcobas
de su sueño,
y van ya alegres, ora tristes,
mas sin dueño….!

Y fuman sus pipas
de ágiles
humos: y en tazas
frágiles
el zumo beben del moka
sumo
del alegre hermano
vino!

Leo, Aldecoa
y Gaspar
van recorriendo el camino
diciendo versos sin tino
diciendo versos al mar
y a la mujer,
versos diciendo a la luna
y a Altaír,
versos diciendo al vivir
y al fenecer…!
Casa del Teatro la Candelaria, Bogotá

IV

PUES si el amor huyó, pues si el amor se fue…
dejemos el amor y vamos con la pena,
y abracemos la vida con ansiedad serena,
y lloremos un poco por lo que tanto fue…

Pues si el amor huyó, pues si el amor se fue…

Dejemos el amor y vamos con la pena…
Vayamos al Nirvana o al reino de Thulé,
entre brumas de opio y aromas de café,
y abracemos la vida con ansiedad serena!

Y lloremos un poco por lo que tanto fue…
por el amor sencillo, por la amada tan buena,
por la amada tan buena, de manos de azucena….

Corazón mentiroso! Si siempre la amaré!
Teatro La Candelaria

CANCIÓN LIGERA

ME quedas tú, y me donas la alegría
con el dolor, y tu miel deleitable
con el acebo, alóe.
me quedas tú, y la luz que tu alma cría
dentro la tenebrura inenarrable
de mi yo solitario:

Siempre loe
tu don ilusionario

Me quedas tú, y el claro sortilegio
de tus ojos rientes: con su hechizo
mi soledad se puebla.

Me quedas tú, y tu risa, cuyo arpegio
me embriaga, y tu tesoro de oro obrizo
solaz del alma sola:

La gris niebla
tu regalo aureola.

Me quedas tú, y el filtro que tu ardida
boca frutal, sombreada, en mis febriles
resecos labios vierte.

Me quedas tú, la ingenua enardecida,
me quedas tú, la experta, de sutiles
tácticas retrecheras:

Vida, muerte
Lo que quieras.
Fuente de La Candelaria

Revisitar a León de Greiff es ir a un encuentro con el tiempo, volver a encontrar la musicalidad de sus poemas, sus singulares e irrepetibles personajes como Berebundo el Lelo, o Sergio Stepansky a estas alturas provocan una lúcida placidez que evoca los mamotretos de historias lejanas y tal vez desaprendidas.

Las mujeres de sus versos, ya sea Anabel, Xatlí o Rosa, ora la Venus de Bolombolo, “la de pupilas estrábicas/ la de muslos pluscuamperfectos/ y de senos como cráteras/ de corindón, cuyos vinos/ antes queman, que no embriagan”, sus mapas del mundo que hace coincidir con la geografía de Titiribí; Sus baladas, nocturnos, sonatinas, ritornelos y relatos “Esa rosa fue testigo/ de aquel que si amor no fue/ ningún otro amor sería”, o tal vez atreverse a jugarse la vida “Contra el cero o contra el infinito/la juego en una alcoba, en el agora/en un garito/en una encrucijada, en una barricada/en un motín…..” El profundo amor de un poeta melodioso a los Sherzos, a los Alegros Vivace, a los Rondós… todo esto lo hace auténtico, lúcido y paradógicamente incorregible.

Tal vez lo critiquen algunos académicos, o sea fustigado por algunos “avezados” sabihondos… eso no importa, León De Greiff nos invita a disfrutar la noche, del amanecer y la penumbra, nos exhorta a conversar con Xhariar y a Sheherezada, a emprender viajes hacia imaginadas latitudes, nos invita a escuchar con placer una sinfonía mientras un micifuz ronronea encima de un tablero de ajedrez.

Revisitar a León de Greiff ha sido voltear a mirar para ver las velas apagadas de Kavafis, es también un tributo de admiración hacia su obra, a las volutas de su pipa, en donde se dibujaron las más inverosímiles y arcáicas palabras, hacia sus “fatasías echadas al viento”.

lunes, 8 de octubre de 2012

MANIFIESTO POR LAS SEMILLAS LIBRES EN COLOMBIA


Las organizaciones indígenas, afrocolombianas, campesinas, sociales, ambientales y ciudadanos en general, nos unimos a la campaña mundial por las Semillas Libres y manifestamos nuestra indignación por las políticas y normas de semillas expedidas por el gobierno colombiano, las cuales se han impuesto en el marco de los Tratados de Libre Comercio y que están llevando al agro colombiano a una profunda crisis.

La política de los gobiernos ha estado orientada hacia el fomento de grandes proyectos minero-energéticos, de infraestructura y agroindustriales, que han profundizado la inequidad, la expulsión de poblaciones locales y el aniquilamiento de las economías rurales y de la soberanía y la autonomía alimentaria. En el campo colombiano cada vez hay más millones de campesinos, indígenas y afros sumidos en la pobreza y unos pocos terratenientes que acaparan la tierra, lo que nos ha convertido en uno de los países más inequitativos del mundo.

Casas de víctimas del desplazamiento en Quibdó

Las semillas son parte esencial de la vida; ellas son el resultado del trabajo colectivo  de miles de generaciones de agricultores y agricultoras, desde épocas ancestrales, quienes crearon ese inmenso arco iros de colores, formas y sabores que hoy llegaron a nuestras manos, para que se las entreguemos a las generaciones futuras. Para las comunidades campesinas, indígenas y afrocolombianas las semillas han sido el fundamento de su cultura, de sus sistemas productivos. Es por ello que los agricultores tienen el derecho al libre acceso, a la producción, a guardar, intercambiar y vender las semillas. Las semillas nativas y criollas, se constituyen en el seguro que tiene la humanidad para enfrentar la profunda crisis de la agricultura frente al cambio climático. Las semillas son la base de la libertad de los alimentos, ya que son el primer eslabón en la cadena alimentaria. Sin semillas libres de propiedad intelectual y sin el control local de sus territorios, no es viable la soberanía y autonomía alimentaria de toda la población  y tampoco es posible que las comunidades vivan dignamente en el campo y en paz. La libertad de las semillas se ve amenazada por la biopiratería y las patentes que crean monopolios y vuelve ilegal que los agricultores guarden e intercambien sus semillas; y también por las semillas transgénicas que contaminan nuestros cultivos, cerrando así la opción de alimentos libres de transgénicos.

En Colombia las leyes que vulneran la Libertad de las Semillas son:
El artículo 4 de la Ley 1032 de 2006 que criminaliza a los agricultores por sembrar semillas de las empresas sin autorización y también las semillas “similarmente confundibles”  a una semilla protegida legalmente.

La Resolución 970 de 2010 del ICA, es un instrumento para perseguir, volver ilegal y criminalizar el uso de semillas nativas y criollas por los agricultores y exige que solo se pueden utilizar semillas certificadas y registradas.

Ley 1518 de 2012 que aprueba el Convenio para la Protección de las Obtenciones Vegetales UPOV 91, le permite a las empresas apropiarse de las semillas, puesto que define como “obtentor” a “La persona que haya creado o descubierto y puesto a punto una variedad”; permite una protección similar a una patente y desconoce los “derechos de los agricultores” al impedirles la resiembra, uso, intercambio y comercialización.

El Decreto 4525 de 2005 de bioseguridad, permite sin los debidos controles, la liberación comercial de cultivos y alimentos transgénicos y la contaminación de las semillas nativas y criollas.

Las organizaciones locales y sociales de Colombia consideramos que estas leyes y normas de semillas son ilegítimas e inconstitucionales, porque violan los derechos humanos fundamentales de las comunidades rurales, los convenios internacionales suscritos por Colombia, como el convenio 169 de la OIT y las leyes que protegen los derechos de las comunidades étnicas y la soberanía alimentaria nacional. Igualmente violan los derechos que tenemos los colombianos sobre el patrimonio genético de la nación y los consumidores urbanos perdemos los derechos a una alimentación sana y biodiversa que nos proporcionan las semillas que están en manos de los agricultores.

Por todos los argumentos expuestos, las organizaciones locales y sociales de Colombia, manifestamos:

Nuestro Rechazo al control corporativo sobre la vida, a todas las formas de propiedad intelectual sobre las semillas, a los organismos vivos y su conocimiento asociado, la biopiratería, las semillas transgénicas, las leyes ilegitimas que criminalizan el libre flujo y multiplicación de las semillas. Estas normas violan los derechos sobre el patrimonio genético y cultural de los colombianos y especialmente los derechos colectivos las comunidades indígenas y campesinas sobre su biodiversidad y también el derecho de los ciudadanos a una alimentación libre y soberana.

Antes: soberanía alimentaria. Hoy, desplazamiento, desarraigo y pobreza
Consideramos ilegales todas las normas que operan en Colombia que pretenden regular el uso de semillas, en el marco de la UPOV 91, del decreto 345 de la CAN, el artículo 4 de la ley 1032 de 2006, y la resolución 970 de 2010. De otra parte, todas estas normas han sido proferidas sin realizar la consulta previa informada con poblaciones étnicas. No vamos a reconocer ninguna ley que  otorga  de manera ilegítima la propiedad privada de las semillas y el control monopólico a las empresas de las semillas, puesto que estas  son patrimonios colectivos de los pueblos.

Rechazamos los decomisos de semillas y judicializaciones a agricultores que el Instituto Colombiano Agropecuario –ICA está realizando en diferentes regiones del país. Entre 2010 y 2011 se decomisó 1.167.225 kilogramos de semillas. Les notificamos que por cada semilla que nos decomisen, haremos que estas germinen y florezcan de nuevo, se multipliquen, se esparzan y caminen libremente con los agricultores por los campos de Colombia.

Saludamos el proceso de negociación que actualmente adelanta el gobierno colombiano con las Farc y el Eln y esperamos que finalmente se pueda acabar con esta cruel guerra que tanto daño le ha costado al país. Creemos que la paz solo se logrará si existe la voluntad política de todas las partes para realizar cambios que resuelvan problemas estructurales, en donde se involucre en los acuerdos de paz especialmente a la población afectada por la guerra.

No es fortuito que uno de los temas iniciales y centrales en la agenda de negociación actual, sea el tema agrario y de tierras. Consideramos que entre los temas centrales en la negociación se debería incluir una verdadera reforma agraria, que permita a las poblaciones campesinas, indígenas y afro vivan dignamente y en paz en sus territorios; y una política de fortalecimiento de la soberanía y autonomía alimentaria para el campo y la ciudad. En este contexto, se deben reconocer los derechos colectivos y el control local de los territorios, que incluya los recursos naturales allí existentes, la tierra, el agua, los bosques y las semillas como fundamento de los sistemas productivos de la agricultura familiar y comunitaria. Es por ello que consideramos que el tema de las semillas debería ser incluido en el actual proceso de negociación de paz.

Exigimos políticas públicas a favor de sistemas vivos de semillas campesinas, que estén en nuestras comunidades y bajo nuestro control, que promuevan las semillas reproducibles y locales, que favorezcan la agroecología, el acceso a la tierra y el cuidado de los suelos, y también deben promover la investigación participativa controlada por los campesinos. Estas políticas deben prohibir la privatización y acabar con los monopolios de las semillas por la industria y no deben promover las semillas no reproducibles como los híbridos y tampoco los transgénicos.

Hacemos un llamado a las comunidades indígenas, afro y campesinas de Colombia a conservar, proteger, desarrollar y compartir nuestras semillas; esta es la mejor forma de resistir contra el despojo y la mejor forma de preservar la biodiversidad. Continuaremos trabajando dentro de nuestros propios sistemas campesinos de semillas, los cuales han asegurado la biodiversidad y alimentado a la humanidad y lo continuarán haciendo ante la crisis climática actual.

Igualmente llamamos a la ciudadanía en general que habita las ciudades, para que realice acciones por la defensa del derecho a la alimentación y reivindique la soberanía alimentaria nacional. Actualmente, las comunidades rurales en Colombia producen más del 60% de los alimentos que se consumen en las grandes ciudades; en ese sentido, la privatización y penalización del uso de las semillas, pone en riesgo el derecho a la alimentación de los colombianos.

Las semillas en manos de los agricultores son un eslabón fundamental para que las poblaciones rurales y urbanas garanticemos nuestra soberanía y autonomía alimentaria. Es por ello que los agricultores estamos guardando las semillas, no solo para nosotros sino también para nuestros hijos; puesto que las semillas como lo reafirma la Vía Campesina son patrimonio de las comunidades campesinas y afrocolombianas y de los pueblos indígenas al servicio de la humanidad.

Bogotá, Octubre de 2012

Grupo Semillas, Campaña Semillas de Identidad, Colectivo de Abogados José Alvear,  Ilsa, Comité de Interlocución Campesina y Comunal (8 organizaciones: ACC, ADUC, Amnucic, Andas, Fenacoa, Fensuagro, Fundación San Isidro, Asomercamp, Confecomunal), Mesa de Unidad Agraria (20 organizaciones), ONIC, ILSA, FIAN - Colombia, ATI, OBSAN, Obusinga, Uramba Tve, Artenred -Bogotá, Arcupa, Censat.

domingo, 7 de octubre de 2012

YA SE ACABARON LAS FIESTAS DE SAN PACHO


Con la procesión del santo patrono, los gozos y los arcos en cada barrio, con concierto en el malecón y un espectáculo de pólvora y fuegos artificiales se dieron por culminadas las fiestas de San Francisco de Asís en Quibdó.

Qué agradable es saber que estos espacios permiten la integración de los vecinos de los barrios en torno a la preparación de las festividades; desde las jornadas de planeación, el diseño de los “cachés” y los disfraces, los arcos, las verbenas, hasta la tradicional invitación a compartir un sancocho en las casa de familia. Es reconocer que hay tradición, que existe un tejido social propicio para mejorar unas fiestas y evitar que ellas caigan en la rutina y en que sean “más de lo mismo”. Me llaman la atención las comparsas que no responden a estrictos esquemas de los desfiles de las grandes ciudades y más bien se acomodan a la geografía de las estrechas calles de Quibdó, pero eso no da lugar a que en medio de ellas se atraviesen peatones y motociclistas y que deslucen el evento.
Vistosidad y armonía

Un sombrero pa'la fiesta
No es fácil para un visitante hacer el balance de lo que son las fiestas, lo más que se puede decir, de acuerdo a los comentarios de buena parte de la opinión, es que las fiestas se repiten cada año con un formato más o menos similar;  en esencia, los disfraces, que son una expresión de inconformidad, pueden ser similares en cualquier año, pues los problemas son los mismos, pero sucede que a quienes tienen que ver con esos problemas, poco o nada les importa la inconformidad del pueblo; más allá de estos emblemas no hay una mínima sanción social para administradores y políticos inoperantes o corruptos.

Quibdó en los últimos años ha tenido un crecimiento desproporcionado, de ahí que los barrios franciscanos ya no representan a la mayoría de sus habitantes, y el resto de la población, en su mayoría proveniente de otros lugares del departamento, se siente excluida; se hace necesario generar procesos de inclusión de las comunidades que habitan los nuevos barrios para generar un mayor sentido de pertenencia con la ciudad.

Las verbenas barriales deberían repensarse para evitar caer en la rutina de recorrer unas calles donde solo se venden licores y comidas rápidas, y los platos típicos cada vez son más escasos. Las tarimas de espectáculos apenas cumplen con un mínimo objetivo de distraer, y son más bien un espacio para promocionar el consumo de licores de otros departamentos.

Quienes participen en los revulús o bundes, deben entender que la policía no es quien debe brindarles seguridad; es la misma población que debe autorregularse, para hacer más agradable y seguro el recorrido, esta es una labor pedagógica que debe hacerse principalmente con los jóvenes que, en un amplio porcentaje, no tienen un claro concepto del significado y naturaleza de las fiestas. Los numerosos grupos de chirimías que son el corazón que hace palpitar las fiestas, deben asumir con mayor compromiso con la interpretación, algunas veces parece que están ahí apenas por cumplir. Naturalmente se entiende que son unas fiestas de dos semanas, que producen un desgaste tanto en los participantes como en el público asistente, que Quibdó es una ciudad donde llueve casi todo el tiempo,  que son una fiestas de carácter popular en donde, afortunadamente, el acceso a lo que ofrece la fiesta lo tiene casi toda una población pobre.
Devoción al santo patrono

San Pacho y sus feligreses
El San pacho sigue siendo una fiesta con sabor negro, de piel, sonidos y sentir afro, así se incremente cada año el número de residentes de otros lugares del país y haya afluencia de algunos turistas extranjeros, esa es su esencia. Hay muchos elementos que tienen que permanecer, pero en una ciudad en crecimiento, las dinámicas cambian, y es necesario adaptar y reorientar el rumbo de una fiesta que no debe intentar parecerse a carnaval alguno, y más bien recobrar autenticidad y ser más incluyente con las nuevas generaciones de pobladores que han llegado a Quibdó para quedarse.

lunes, 1 de octubre de 2012

FIESTAS DE SAN PACHO EN QUIBDÓ. ¿A qué barrio le toca hoy?

Estas son algunas postales de las fiestas de San Pacho el fin de semana. Son desfiles y comparsas, al calor de la chirimía, de la alegría y el delirio del "Revulú", del gusto de los habitantes de Quibdó por su fiesta tradicional. Creo  las imágenes lo pueden expresar mejor..
A qué barrio le toca hoy?

Arcoiris de plumas
Agua para refrescarme

Collar de perlas

Comparsa en rojo

Delirio verde

Donaire

Disfraz del barrio la Yesquita

Esplendor de oro

Expresión sanpachera

Hay comparsa para rato

Mariposa o libélula

lienzo con tocado y plumas

Antifaces

Los que miran y trabajan
 
Rostros de mi gente

Pinceladas de plumas

Llevame el paso

Comparsa del jaguar

Pal celular

Póngale color

Comparsa y pueblo

suenan los vientos

Tesoro 1

Rostro alegre

Vestal morena

Comienza el desfile

Los brazos del Revulú